Puede que el trauma nació el día que me invitaron a jugar a las escondidas y terminaron tocándome sin mi consentimiento, o la vez que me senté sobre las piernas y miembro de mi abuelo sin saber que lo que hacía era masturbarme, yo sin entender, en aquel entonces, lo que era sentir placer.
Tal vez el trauma nació cuando un primo me dio un "beso de pelicula" a escondidas, o las veces que jugábamos a la mamá y el papá en la casita de recreo después clases con Cesar, los dos desnudos, explorando nuestros cuerpos a los 5 años.
Creo que el trauma nació el día que golpearon mi cabeza contra la pizarra, o la vez que me rompieron los lentes en la cara con un folder de pasta gruesa, o los pelotazos casuales en el cuerpo, cuando los chicos jugaban futbol en la hora de recreo, allá por segundo de secundaria.
Derrepente el trauma nació la vez que entendí que papá no estaba de viaje, era mamá quién lo había botado de la casa, por alguna falta de respeto que aún no entendía. Quizás el trauma del que hablo se acentuó cuando descubrí que mi papá le era infiel, y no sólo una vez, ni con una sola mujer...
El trauma nació, probablemente, el día que me hicieron creer que el chico que me parecia lindo gustaba de mi, o tal vez el día que se burlaron de mis labios en una exposición delante de todo el salón. No sé, quizás el trauma se desarrolló cuando me pegaron chicle en el cabello, o me empujaron a un charco y me quedé todo el día sentada en el pupitre chorreando el agua de mi uniforme.
Es posible que el trauma se haya desarrollado después de enterarme que no era "la oficial", que mientras yo salía de su casa, la enamorada ingresaba por mi lado, saludándome de la manera más cordial. También creo que el trauma se desarrollo después de mi primera prueba de embarazo negativa, o de cuando me enteré que me habían contagiado de Papiloma y tuve que llevar un tratamiento de meses para cicatrizar todas las heridas que me dejó aquel virus.
Hay una probabilidad que el trauma se haya incrementado después de cruzarme con Rodrigo en el semáforo de la UPC, después de meses sin vernos, mi primer ataque de pánico, mi primera crisis de ansiedad, allá por el 2011-2012(?)
No cabe duda alguna que el trauma empezó cuando me reflejé en mi mamá, en esa inconciencia de ser y estar, de dar siempre de más. De descuidarme por cuidar a otros, de entregarme sin medida, sin esperar nada a cambio, pero con la ilusión de ser amada, respetada y valorada. Seguir su patrón, ser abnegada, sumisa, dispuesta a servir y amar a un solo hombre sin medida de cuánto vaya a recibir.
El trauma existe, porque existen mis padres, y antes de ellos mis abuelos y antes de ellos todo el linaje que aún me queda por sanar, por soltar y abandonar para no quedarme en este limbo de no saber qué hacer, a dónde ir, o definirme más allá de mi cuerpo y mi deseo.
El trauma al abandono nació el día me dejaron; el día que me quedé sin piso, sin soporte, sin razón para existir. Fue cuando mamá me dijo que esperara en una esquina cuando tenía 3 años, el día que papá me dejó en los juegos inflables y nunca volvió (en realidad, si lo hizo, pero demoró más de lo que una niña de 7 años podría entender). El día que un par de amigas dejaron de juntarse conmigo solo porque bailaba mejor que ellas, o cuando mi hermano me dijo que estaba muerta para él y dejamos de hablar por años. Recuerdo la primera mentira, la segunda y la tercera, las tantas veces que decidió terminar la relación y luego volver porque me extrañaba. Recuerdo no ser suficiente para ninguna de mis parejas, y para quién sí me consideró, simplemente no lo amaba. Recuerdo haber sido rechazada y humillada, recuerdo la frase "perdóname, pero no tengo tiempo", yo con el corazón en la manos y todo el tiempo que no tenía como deuda a crédito.
Soy el trauma hecho persona, de mis carencias hice arte y me ahogué para morirme en vida, renací tantas veces como me convertí en lo que creía ser; y ahora nuevamente estoy aquí, en el punto desconocido de partida queriendo volver a mi.
Me salió cara la terapia, me salió caro el dolor y el olvido.
Trabajo para darme lo quiero, pero todavía no soy suficiente.
El trauma ha sido el camino para conocerme y amarme como nadie lo ha hecho. Ojalá llegue el día en que pueda descansar de mis tormentas, sentirme segura y confiada; amada y respetada por alguien más, ser sostenida y cuidada.
Ahora lo único que necesito es un abrazo que me termine de romper para desaparecer.