Estoy tan intoxicada del amor visto en redes sociales, de cómo la sociedad nos vende el estereotipo de "relación perfecta" por solo presumir muestras de afecto en fotos y videos. Y es que no es solo eso, por alguna razón sigo involucrándome con gente que no está lista, que no tiene responsabilidad afectiva, o que simplemente no buscan vínculo alguno más que el pasarla bien, fluir y ver que pasa, ni siquiera entablar una amistad, de frente al roce y al gozo. Y no me niego, me encantaría disfrutar de la experiencia también, pero, ¿cómo dejar de sexualizarme si lo que muestro evoca placer?
Tener un alma libre me limita, siento que nadie me toma en serio, siento que me juzgan por ser yo, por mostrarme sin máscaras; y sí, de vez en cuando uso filtro, pero es parte del show... Pero soy yo, es mi esencia, y me quiero así, me amo asi, pero no sé si siendo como soy a alguien le pueda agradar. Me siento como el bicho raro que nunca encaja, una versión no tan retrocida de AdriVainilla, con menos problemas mentales, con menos experiencia en escena.
"Si no te contesta es porque quizás no le pareces interesante", y es que claro, ¿qué de interesante puede haber en el caos?, que si bailo, que si me desnudo, que si soy o no soy... Me pregunto, ¿hay alguien más que me admire que yo? ¿Alguien más se arriesgaría a invitarme a salir, a caminar, a tomar un café solo por el simple placer de conocerme más allá de lo que ven en redes sociales?
Me pasa que quiero conocer a quién no me toma en serio y, aunque trabaje en no tomármelo personal, termina afectándome. Yo no entiendo cómo es que conecto desde la carencia, desde la ausencia, desde mi poco valor, si se supone que ya lo trabajé en terapia y estaba solucionado (hasta cierto punto). Ahi es dónde me doy cuenta que todavía tengo reforzar mi valor. Me pasa de vueltas saber que otra persona tiene el control de mis emociones, no quiero darle el poder a nadie, pero me gusta estar ahí, revolcada en la mierda y que me hagan mierda. Me gusta tener el papel de víctima, sumisa, obedecer y decir sí. Lo disfruto, me encanta, pero sé que luego el vacío que trae es fatal.
Me gusta sentir, soy adicta al placer.
Pero no quiero volver a entregarme a nadie que no me valore, y aunque sea contradictorio, eso solo me quita poder.