lunes, 18 de marzo de 2013

Ahora.




Y aquí estamos.
Sonriéndonos, mirándonos, deseándonos.
Aquí estamos, sin saber que hacer...

¿Cómo llegamos?
No sé. Solo recuerdo que empezamos a correr, que ibas detrás mío intentando atraparme. Tropezaste y, antes de burlarme, retrocedí para no tener ventaja. Te di el alcance y nos reímos por la gracia. No sabes cuanto disfruto de tu risa, del brillo de tus ojos cuando compartimos alegría.
Nos enredamos un poco, nos cogimos de las manos y lentamente bajamos hacia el suelo... Me dejaste ir, di dos pasos adelante para volver a jugar. Dimos la vuelta, ambos en sentido opuesto, chocamos. Nos miramos, nos sonreímos y nos besamos. Nos besamos y nos acariciamos, me tomaste como trofeo y me alzaste mientras pegaba mi frente a la tuya. Tu mirada, tu sonrisa. Te acariciaba, momentos infinitos se desencadenaban...
Me bajaste despacio, como si el tiempo se detuviera segundo a segundo, y pegada a ti, pegada a ti el tiempo se detuvo.
No había nada que nos limite, la soledad y el tiempo estaban a nuestro favor.

Ya con los pies en el suelo, y el alma en el cielo, sin advertencia alguna, procedí a despojarte de tu abrigo. No hubo reacción, solo colaboraste alzando los brazos, para hacer más fácil el procedimiento. Toqué tu pecho mientras arrojabas la camiseta lejos de nosotros. Mis manos bordearon tus brazos y, una vez tomados de la mano, deslizamos nuestros cuerpos hacia abajo. De nuevo sentados, me soltaste, y tus dedos empezaron a bailar sobre mi.

Tu mirada fija en mis ojos, ambos perdidos en el espacio, tus caricias intentaban deslizarse por debajo de mi falda.
Mis dedos dibujaban en tu rostro corazones sin forma e infinitos inconclusos por mi debilidad ante tu atrevimiento... Hiciste que me crispara de nervios y cerrara los ojos olvidando tu presencia. Sentí tu respiración cerca a mi. Me recordaste que estabas ahí, besándome en la mejilla y yo,con los ojos cerrados, intentaba encontrar una de tus manos en el vacío. Mientras la buscaba, tu respiración sigilosa se aproximaba, y al apretar tu mano contra la mía, me susurraste al oído...

Hacer el amor es más sencillo si es contigo, me conoces bien, y así no tengamos ni la más mínima idea de en dónde vamos a parar, no interesa, porque entrelazados y acurrucados terminamos el baile al final.

Me gusta cuando besas mi cuello y bajas lentamente hacia mis hombros.Me gusta cuando acaricias mis senos y juegas con mis pezones haciendo que mi corazón palpite sin ritmo. Me gusta que me mires así, con deseo, que me hables con la mirada y que me hagas sonreír hasta olvidar quién soy.
Me gusta cuando con besos te deslizas sobre mi cuerpo sin prejuicio alguno. Me gusta cuando recorres sin reparo mi cuerpo completo y te detienes en el ombligo para mirarme sonriendo, como pidiéndome permiso para enamorarte de nuevo. Me gusta cuando bajas y te quedas ahí, me contemplas y arremetes contra mi, curioso. Saboreas de mi vientre más abajo el veneno de adentro. Haces que me contraiga, que suspire, que gima, que grite, que pierda la conciencia mientras exploras por dentro y saboreas el néctar de la flor, del placer eterno. Los segundos pasan, la vida pasa, estamos aquí, los dos. Cuando decides subir, me decido a voltear la tortilla del sartén, colocándome sobre ti y tomando la posición predilecta. Déjame domarte, déjame guiarte. Deja que coloque tus manos sobre mi cuerpo mientras, en la oscuridad, disipamos nuestros miedos.
Apreta mis piernas, no las sueltes nunca. Recuérdame que soy tuya y háblame con los ojos, con las manos, con tu aliento, dime lo que deseas. Conviértete en viento, lléname de magia. Puedo besar tu frente, tu nariz, tus labios, tu mentón, tu cuello. Puedo besar cada uno de tus lunares, bajar lento, enamorarte de nuevo. Puedo acariciarte mientras mi lengua recorre tu cuerpo tendido, puedo tomarte de las manos, solo si quieres sentir el placer infinito.
Puedo llegar a tu miembro y demostrarte que el amor existe, que no es un cuento. Puedo endulzarte la vida, por lo menos unos segundos, unos minutos...

¿Qué quieres? Solo dime...
Por ti estoy dispuesta a todo.

Me dicen que estoy loca, y quizás sí.
Pero la vida pasa mientras respiras, mientras te detienes a pensar y te olvidas de vivir.
Si de todo lo vivido el amor es lo único que me pertenece, pues dejemos que pase.
No quiero morir sin haber amado antes.

Nada pasa por que sí.
No hay tiempo, no hay lugar ni espacio, hay sentimientos, hay imágenes, hay verdades, hay momentos infinitos.

"Di que sí, aunque tengas miedo, aunque te arrepientas. 
Porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si dices no."





sábado, 2 de marzo de 2013

She will be loved.

Dicen que el amor a primera vista existe.
Quizás y sí, puedo empezar a creer en eso.

Que pase lo que tenga que pasar. El tiempo lo dirá.

Me sucedió de manera casual, no lo buscaba, pero parece que el amor me encontró y me alcanzó.
Ya, esta bien, lo buscaba sí, pero no lo encontraba y decidí poner trabas, tropecé, me caí, literalmente, y me fracturé.
Ando sentada o echada, mi alma baila pero mis piernas permanecen inmóviles por restricción médica y, en este estado, recién empiezo a valorar lo que tenía y no creía tener.
El amor está ahí, siempre estuvo y siempre estará, aunque yo no lo quiera ver.
No me arrepiento de nada en estas últimas semanas, quizás hice cosas que sabía que no debía hacer, pero las hice y QUÉ... 
Con un descanso médico mínimo de seis semanas y mis frustraciones encima, tengo más ganas de vivir que cualquier otra persona. Es sencillo, no me voy a morir. Es solo un castigo que me da la vida por andar renegando de lo que me tocó. Ahora entiendo, ahora comprendo. No me quejo, pues nada es perfecto. El amor duele, es cierto y si bien dicen que las malas decisiones hacen buenas historias, pues aquí les cuento la mía. Incompleta, casi perfecta.

Verano horrible, con harto sol, traía aún amores del año pasado y con el mismo texto de siempre: este va a ser mi año... Y bueno, se supone que para que sea "mi año" no tenía que cometer los mismos errores ya cometidos, porque se supone que de ellos ya había aprendido (bla bla bla) pero como soy bruta, tonta, loca y muchas veces pienso en exceso, sabía que tenía que meter la pata, de nuevo.

Me di un tiempo y conocí a un chico, me encariñé muy rápido pero tenía claro que no era lo que buscaba y, sin bien había aparecido en mi vida en el momento (supuestamente) "indicado", de una manera tan loca y rara, lo aprendí a querer, pero al parecer no era suficiente. Tenía claro que no duraría mucho y que lo que sentíamos era amistad, muchas cosas a fines, pero nada alentaba a formalizar una relación sería, le faltaba más que edad para ello. Pasamos muy poco tiempo juntos conociéndonos y, así como todo empezó rápido, terminó de la misma manera... 
Por cosas del destino, parece que nos llegó alguien más sin pedirlo y, en simultáneo, nos ilusionamos de nuevo, pero esta vez cada quien por su lado.

Algunas oportunidades se presentaron en mi vida y esta vez nos las dejé pasar. Y en el momento en el que creí que las cosas iban perfectamente bien y que nada malo podía pasar... Voldemort regresó para hacerme feliz por media hora y algo más... Caí en su juego, por más excusas que haya puesto, caí. Hasta ahora me digo y me repito cada vez que me miro al espejo que no debió suceder pero, como perfecta estúpida, sigo insistiendo en que tenía que sacarme la espina, aunque me la hayan clavado por tercera vez.
La tercera es la última, la tercera es la vencida y así fue. Así creo que es y será. Porque me cansé de tropezar con la misma piedra... Porque el amor y cariño no se puede forzar, lo que queda es respeto, y solo Dios sabe si es que aún lo hay.

Luego de la locura, poco bien planeada y apresurada, me fui a bailar, a liberarme de todo, a seguir viviendo y a recuperar el poco oxígeno que me había quitado el tiempo. Llegué y estaba él ahí. No tenía idea de como se llamaba, pues nunca prestaba atención cada vez que lo llamaban por su nombre. Nos saludamos y me sentí algo extraña. Me sentía extraña desde el día en que lo vi por primera vez, tenía algo que me atraía y en verdad no sabía qué. Conversamos un poco, como para romper el hielo por fin y creo que fueron sus ojos, su risa, no sé... no quiero saber.
No podía pasarme de nuevo, no ahora... Justo cuando había decidido poner freno a mi vida, a mis locuras, a mis pensamientos estúpidos sobre el amor y esas tonterías. Justo cuando había encontrado el equilibrio y quería enfocarme en otras cosas, olvidando todo, tenía que hablarme justo el  mismo día. El mismo día.
La confianza fue inmediata, soy fácil dicen, y es porque me gusta conocer gente y es mi forma de ser, qué huevada. Decidí no darle mucha importancia a lo que sentía, no quería confundir las cosas, no de nuevo, menos con alguien a quien recién estaba conociendo pero... ¡como es la vida, caramba!

No sé en qué momento pasó todo, no me percaté de la situación y decidí tomar una mala decisión, según mi madre, pues yo no la considero así, por más daño (físico) que me haya hecho si pensarlo: me fui a la playa sin planearlo previamente. Locuras de la vida que solo se vive una vez.
Ya.
Todavía no tenía claro que era lo que pasaba y, a pesar que recién me estaban empezando a conocer, decidí aventurarme por pasar un fin de semana agradable, sin pensar mucho, solo divertirme y parece que la diversión me salió algo cara y dolorosa, pero hermosa por donde la recuerde.

"Prométeme que no te vas a olvidar y que mañana para siempre lo vamos a recordar."

Quizás esto ya me tenía que pasar, después de tanta mala vibra y mala suerte, ¿qué podía salir mal?...
Pues si, no hay perfección en esto: me fracturé el quinto metatarsiano del pie izquierdo, pero encontré amor donde menos lo había pensado... Quizás sí lo había imaginado, pero increíblemente no lo creo aún.
Lo conozco muy poco y tengo en claro no va a ser fácil para los dos, pero todo es tan... cursi (?) que tengo miedo de enamorarme y hacer daño.
Hacer daño porque mis inseguridades, aunque no lo quiera, están sobre todas las cosas.
Porque estoy dispuesta a amar pero tengo miedo que me hagan daño.
Porque tengo miedo, tengo miedo, tengo miedo, tengo miedo, tengo miedo, tengo miedo, tengo miedo. 
Tengo miedo.
... Y si sigo pensando de esta manera jamás me voy a recuperar.

"Lo que te pase a ti, me pasará. Si tu lloras, yo lloro. Si tu sufres, yo sufro contigo.
No me importa, lo menos que quiero es verte llorar."

¿Díganme cómo hacer si sigo con la estúpida idea de que no me quiero enamorar?
Mentiras
Nada de esto es real. 
¿O quizás si?



Sonrían, con braquets o sin ellos. 
Gabriel García Márquez no sé equivocó cuando escribió su verso.


Está de más decir que la historia está incompleta, pero... ¿a quién le importa?




domingo, 20 de enero de 2013

Hola, me gusta el chimichurri.

"Ojos que no ven, corazón que no siente."
MENTIRA.
Puta, ¿quién eres?
No tengo ni la más pendeja idea de quién puedas ser. Tú si tienes una vaga idea sobre mi y aún así sigues aquí, sin razón alguna aparente. Qué huevada.
Ya vete, desaparece.
Son cinco los días que no me dejas de hablar, ¿ya cánsate no?
¿No te bastó con que se te acabara el saldo en el celular?
Idiota.

¿Qué hacer?
¿Qué hacer cuando el cerebro se te baja al pecho y se cree corazón?
Pues no sé yo, me das asco.
Asco por sentir que eres la única persona en el universo (hasta ahora) que siente igual a mi, que piensa igual a mi, que le gusto tanto igual como me gusta el chimichurri y el wantán frito.
(Vamos a comer niños, amor.)
Jamás en mi penosa vida he probado drogas, pero mi voz delata algo que no soy.
Drogadicta, adicta a tu veneno, a tus palabras, a tu pecho, a tus dedos, a tus labios con sabor a aliño de ensalada César.
Lo sé, me odias. Tanto igual como yo.
AG.
¿En qué momento te metiste en mi cama para jugar a que nos conocemos sin vernos?
Te odio desde el primer día en que empezaste a tratarme como mujer.
Te odio porque soy tu secreto mejor guardado hasta ahora.
Te odio porque no te conosco y me haces sentir la mejor persona del universo.
Te odio porque sonríes tanto igual que yo delante del celular.
(Antisocial de mierda.)
Te odio porque no me dejas dormir.
Te odio porque eres un fracasado que tiene sueño a las dos y media de la madrugada y aún así quiere acompañarme cuando no tengo sueño.
Te odio porque estas conmigo sin estarlo.
Te odio porque sí.
Te odio porque me quieres.
Te odio, ¿ya te lo había dicho?
Te odio.

Bailaremos salsa hasta enamorarnos.
Montaremos bici hasta caernos.
Cantaremos música criolla mudos.
Jugaremos scrabble y monopolio echados en el piso.
Comeremos helados mientras miramos pelas en el sofá de tu sala.
Caminaremos lejos del mar porque te apesta.
Haremos el amor tres veces al día, pero no se lo digas a nadie.
No le digas a nadie que te quiero, porque no te quiero.
No, te quiero.
Mi dislexia acaba de encontrar remedio.





lunes, 7 de enero de 2013

Castillos de Cartón.

Infinito.

No está aquí, no es palpable.
Es único y, aunque sea lo que signifique, no es eterno.

Oscuridad, música, viento, latidos, suspiros, el alma.
Las miradas, los besos, las manos, los cuerpos, la voz, el deseo.

Los sentimientos, que de por si no son ternos, son infinitos en su momento.
Los momentos, todos los momentos son infinitos...



Castillos de Cartón. (2008)
Director: Salvador García Ruiz.
http://www.youtube.com/watch?v=lCQ3xxSzMUg








"...Y es que nosotros no somos normales, somos artistas."

domingo, 30 de diciembre de 2012

Dos extraños.

Ven, toma lo que siempre fue tuyo. Llévame al infinito mientras intentas descifrar el paraíso absoluto.

Dejemos la luz prendida, quiero verte.

...y me viste con los ojos cerrados. Tus manos intentaban leer en braile lo que mi cuerpo no descifraba.

Oscuridad que nos acompañaba,
música de fondo nos entonaba.
Cortinas que se deslizaban suavemente al compás del viento,
tímidos suspiros de una noche en desvelo.
Tu cuerpo y mi cuerpo encontrándose,
nuestras almas danzando,
nuestras miradas perdidas,
en el deseo, en el olvido...

¿Quiénes somos?
Dos extraños intentando amarse,
descubrirse y conocerse sin saber si quiera cual era el camino.

Tomaste mi mano, me invitaste a caminar.
Me dejé llevar con los ojos cerrados, no quería mirar...
Cogiste mi mentón.
Me encontré con tu mirada.
Sonreíste y, sin titubear, me besaste sin parar.
Coloqué mi mano en tu nuca,
nuestros cuerpos se juntaron y, de lado a lado, empezaron a bailar...
Tus manos recorrían mi cuerpo,
me hacían el amor al compás del tiempo.
Tus besos me llevaban al cielo, con los pies en la tierra bien puestos.
Tus manos dibujaban el deseo,
mis manos sujetaban tus brazos,
fuertes, imponentes ante mi cuerpo.
Nos miramos fijamente, me besaste en la frente y me cargaste a tu cintura.

Empezamos a dar vueltas en sí,
jugábamos como niños,
nos acariciábamos sin prejuicios...
Por un momento me olvidé de donde estábamos,
no distinguía sombra alguna hasta que sentí tu respirar en mi cuello,
en mi espalda, en mi cintura, en mis senos, en mi vientre, en mi pelvis, entre mis piernas...
Y llegaste,
y me hiciste tuya,
y me tenías,
y no me dejabas,
y fuiste tú quien me enseñó a suspirar sin respirar.

Te jalé del cabello hacia arriba,
tu lengua recorrió lo que me quedaba de alma...
Llegaste a mis senos,
mis manos recorrían vilmente tu espalda,
y tus besos, insaciables,
y tu cuerpo, y mi cuerpo
y el infinito...

(...)

No hay olvido, no hay futuro, solo presente.
Presente en el que me amaste, para el olvido.





miércoles, 26 de diciembre de 2012

¿Por qué? No sé.

Es imposible explicarlo, solo sucede, lo sientes, lo sabes y ya.

Empiezas a querer a un extraño, alguien que no conoces ni ves tan seguido, alguien a quién no le importas de la misma manera que te importa a ti, alguien al quien solo llamas por un nombre, porque no sabes si tiene dos o tres, alguien con quien tienes cosas en común y, al mismo tiempo, nada.
Alguien.
Solo alguien.

¿Cómo es posible querer a alguien sin conocer?, alguien al que piensas muy seguido sin saber porqué.
No sé, solo pasa, de un tiempo a otro, no sé como.
No sé.

¿Por qué?
No me preguntes, ni yo misma sé.

Me lo pregunto todos los días... Todos los días que pienso y no pienso en ti. Igual, si no te pienso, pienso porque no te pienso y así termino pensando en ti.
No entiendo por qué.
¿Qué hago pensando en ti?
No sé. No quiero saber.

¿Si te sueño?
Ya no tanto como antes, pero te pienso.
Te pienso y te imagino.
Converso contigo mientras me miro al espejo,
beso paredes imaginando que es contigo.
Me recuesto en el sofá y acaricio el viento
imaginando burdamente que es tu cabello.
Me siento en el parque y te miro,
te miro en el vacío. Te miro.
Te sonrío,
me tomas de mano y damos un paseo infinito.
Te abrazo cuando voy a dormir
y te siento respirar al despertar.

Te pienso, te miro, te siento.
¿Por qué?
No sé, no quiero saber.

¿Si te quiero?
No sé, ni quiero saber.



jueves, 13 de diciembre de 2012

la niña baila.

Intensa y sensible,
profunda y complicada.
Sutil desgano de un cuerpo en un vestido blanco.
Cabello suelto que cae por su espalda.
En la cintura, sus manos;
con los pies descalzos,
danzaba en la oscuridad
al compás del viento y la magia que la acompañaba.
Se mira al espejo y descubre su cuerpo.
Senos reflejados,
cuello fino y delicado.
Curvas definidas sueltas sin alma,
placer visual para quien no quiera mirarla.

Se entrega muy rápido,
y a pesar que no hace el amor muy seguido,
siente, vibra y respira en su alma el deseo de lo perdido.
Hace las cosas sin pensar,
suele arrepentirse, pero ya qué...
Al final, no hay marcha atrás.

Imagina cosas, crea historias,
disfruta de las fotos sin contexto,
pornografía explícita sin amor de por medio.
Tiene gustos raros y suele enamorarse de cualquier pendejo que le proponga sexo.
Piensa mucho,
sabe que por eso muere lento.

Entre cosas del pasado
encontró detalles que lleva guardados,
recuerdos casi borrosos de amores pasajeros.
Mensajes sin borrar,
imágenes sin archivar,
historias sin contar.
Sueños apagados,
días grises con fondo morado.

Habitación de hotel,
aromas a piel.
Preservativos mal usados,
miedos frustrados.
Sensaciones pasajeras
y algún sutil orgasmo.

Sábanas de colores,
espejos evaporados...
Sudores y placeres jamás nunca encontrados.

Cinco cuerpos,
cinco miembros.
Cinco historias,
cinco cuentos.
Vacío de recuerdos que con el tiempo ya se hicieron pasajeros.

Historia de cinco.
Historia de uno.
Historia de ella.
Historia de ninguno.


miércoles, 5 de diciembre de 2012

locura o algo así.

¿Y si jugamos un poco?
Así como para salir de la rutina,
así como para engañar a nuestros corazones
dejando que lo nuestro fluya en el vacío de la nada.

Así,
para olvidarme de mi,
de lo que soy,
de lo que tengo,
de lo que necesito,
de lo que quiero.
Para olvidar mis sueños,
para olvidarte y perderte,
luego recuperarte en el intento de olvidarte...

Y así,
enamorarme y enamorarte,
desearte e imaginarte,
perderte y extrañarte,
amarte y odiarte.

Perderme para que me busques y no me encuentres.
Para buscarme y no encontrarme.
Para mirarte sin tocarte.
Para sentirte sin besarte.
Para nada.
Para nada, solo para pensarte.
Pensarte y olvidarme, así...

Juguemos a que nos conocemos lo suficiente como para empezar algo nuevo.
Juguemos a buscarnos en la oscuridad encontrando nuestras almas.
Juguemos a que nos enamoramos en el intento de olvidarnos.
Juguemos para perder.
Para perdernos en el otro.
Perdernos y encontrarnos.
Amándonos, deseándonos,
conociéndonos y sin pensarlo,
extrañarnos,
así como ahora,
así.


jueves, 29 de noviembre de 2012

Mr. Magic


Febrero.
Día 1.


Macanudo Liniers.



Junio.
Día 2.

Coincidencias de la vida, sin saber yo… Había algo en ti que me llamaba la atención.
Tu forma de andar, tu chispa al hablar, tu sonrisa al contestar. Tu look tan desalineado, tu cabello alborotado, y un disculpa por casi haber ocasionado un accidente antes de salir a la fiesta.

Llegaste con el otro grupo, tuvimos que tomar dos taxis para poder llegar a la discoteca. Aún no entendía bien que pasaba, era la segunda vez en mi vida en que te veía y ya había algo en ti que me atraía.
Noté que estabas acompañado de una chica, y mis esperanzas de bailar contigo esa noche se fueron con el primer shot de tequila.

No sé en qué momento nos encontramos bailando uno frente al otro y, sin necesidad de que tocases alguna parte de mi cuerpo, empezaba a sentirme extraña. Recuerdo bien que me dijiste que era muy alta y que te gustaban mis ojos… Me sonrojé de inmediato, pues nunca nadie había sido tan directo conmigo, y viniendo de ti, no sabía como reaccionar. Bailamos quizás una canción o dos, con eso me contenté pues había perdido las esperanzas de verte sonreír cerca a mi.

Vi que la besaste y por algún momento deseé estar en su lugar, no por ser tú quien la besara, si no porque hacía mucho que no besaba a alguien con tanto cariño y con tanta sed de pertenencia…

Y así pasaron las horas… Nos divertíamos cada quién por su lado, y no creo que haya sido casualidad que, en las pocas veces que nos cruzábamos, repetías lo de mis ojos. Estoy de acuerdo con que algo raro pasaba…

Te perdí de vista al salir, no volví a saber de ti…
Y así fue como pasó, así fue como sucedió…


Octubre.
Día 3.

No estaba en mis planes salir ese día, de por sí estaba desanimada…  
Siendo las once de la noche de un lunes con alma de feriado al día siguiente, decidí combinar lo primero que encontré en mi armario, sin permiso alguno para salir de mi casa. Bajé ya con los tacos, esos que me hacen ver mucho más alta de lo que soy y, sin miedo y sin pedirle permiso a mi padre, con la ayuda de mi madre, salí de casa rumbo al cumpleaños de tu hermana.

El permiso era hasta las 3, pero en mis sospechas estaba que mi madre vendría a recogerme más temprano ya que papá no sabía que estaba fuera de casa.

Estaba nerviosa, porque al entrar no esperaba verte, ridículamente sabiendo que era tu casa y que en algún momento tenía que cruzarme contigo, ¿cierto?...
Ahí estabas, con un polo negro, el cabello corto, muy distinto a la última vez que te vi, pero con la sonrisa de siempre y tu actitud tan única, rara para ti.

Tardaste mucho en acercarte y sacarme a bailar, lo hubiera hecho yo, aunque yo misma no me lo creí luego, no estuve pendiente de ti, solo intentaba distraerme de los problemas y pendientes que había dejado en casa.

Me gustan tus ojos, son grandes. Una vez más me sonrojé y, como en la fiesta pasada lo único que hice fue taparme la mirada y desviarla mientras mis mejillas tomaban más color. Te respondí que me gustaba tu sonrisa y atinaste a sonreírme  hasta cansarte.
Mientras bailábamos comenzó la conversación, ¿qué tal te va en la universidad?  Te dije que bien. Me pediste que te preguntara lo mismo y lo hice, tu respuesta fueron más de cincuenta palabras… Terminamos de bailar y me dijiste que era una mujer de "pocas palabras". Me quedé picona, pues esa es una vil mentira. 

Bailamos un par de veces más, en grupo…  Y así, pasaron las horas y te perdiste…

Como lo había sospechado, mi madre llegó antes de las tres; dos y treinta de la madrugada para ser más exacta. Demoré quince minutos en buscar mi abrigo en el cuarto en el que lo habían guardado… Mientras tanto no aparecías, encontré mi abrigo y me fui…

Llegué a casa sigilosa, mi padre estaba durmiendo y no dejé sospecha alguna de mi salida, pues me quité los tacos antes de entrar a casa. Travesura realizada. Logré salir de mi casa sin autorización y te vi después de muchos meses.
Me quité el maquillaje, me di una ducha rápida y al ponerme el pijama recordé lo que me dijiste: mujer de pocas palabras, aún no lo creía y fui dispuesta a la venganza.
Recostada en mi cama y sin miedo, cogí mi celular para escribirte un mensaje al Facebook con más de cuarenta palabras explicándote porqué solo te había respondido con una sola…

Dormí sin pensar en nada, desperté pensando en ti, y sí, al despertar había una respuesta tuya…
Pasé de ser una mujer de pocas palabras a una con "más o menos pocas palabras".


Día 4.

Al parecer un domingo cualquiera, en una situación cualquiera. Con un castigo por haberme "escapado" la semana pasada, decidí, esta vez, pedir permiso para salir de casa. 
Coincidencia o no, te animarías a ir solo para saludar a tu ex enamorada, quizás para ver también mis lindos ojitos o simplemente para salir de casa.
Me contaste que saliste con el permiso de ir a comprar una cañita y de saludar a una amiga por su cumpleaños... Terminaste estando fuera de casa más de media hora y con tres llamadas perdidas en tu celular.
Estar sentada en las escaleras ese día me hizo sentir extraña, como más cercana a ti sin conocerte aún. Hablamos poco, lo suficiente para descartar cualquier timidez y demostrarte que hablaba y dejar aquella historia de pocas palabras.
Al ver las llamadas perdidas y dándote cuenta de la hora, tomaste la decisión de ir a casa. No había excusa, ni justificación, solo curiosidad y una salida pendiente aprovechando que yo estaría disponible para salir ya que no tenía responsabilidades universitarias.

Y así fue, así me ilusioné, así te tomé más importancia, así.



Noviembre.

Al último encuentro te desapareciste una semana. Estando ilusionada y sin perder la esperanzas de que nos volviésemos a encontrar, sea por casualidad o por algún motivo, no dejaba de pensarte y se me hacía raro...
A una semana de tu desaparición mágica, decidí proponerme algo, de por sí loco y descabellado, pero tenía que hacerlo pues sentía que era necesario.
Pedí señales un domingo, dije que si por nada del mundo aparecía algo que recordara a ti o, en su defecto, no me hablases, estaba dispuesta a olvidarte y seguir mi camino como si nada hubiese pasado...

Salí a caminar para distraerme un poco, de regreso a casa y casi sin esperanzas, encontré un juego de naipes en la pista. Inmediatamente lo relacioné contigo, creo que fue porque tenías una foto de perfil de aquello. Sonreí y seguí mi camino. Era magia, asumí que esa era una señal, solo faltaba que aparecieras.
Más tarde, mientras miraba televisión, llegó una notificación tuya a mi celular y sí, recuperé las esperanzas y empecé a creer que cosas mágicas pasaban.

Hablábamos no tan seguido, lo suficiente como para no dejar de pensarte.
No entendía porqué me atraías tanto si ni siquiera te conocía. Me mencionaste que querías salir conmigo en dos ocasiones, pero tus horarios en la universidad y responsabilidades pendientes no te lo permitían.
Entre conversaciones de chocolate, chantilly, cerezas, la luna, el cielo, las nubes y las estrellas, me empecé a dar cuenta que esto era serio, dudo que para ti, pero si para mi...

Un día me propuse invitarte a salir, no me importaba si esta vez sería rechazada , mejor dicho, desplazada por tus responsabilidades y deberes, ya no me importaba, solo quería intentarlo y como siempre, tú haciendo magia. Apareciste de la nada y me presentaste la oportunidad de vernos, con una "excusa" bien fundamentada.

Día 5.

Era martes y esperaba tu llamada desde las ocho de la mañana... Dieron las nueve, las diez, las once y algo y sonó el bendito celular, confirmando la salida de aquel día. Me dijiste que me volverías a llamar a las seis, cuando salieras de clase para definir la hora y lugar del encuentro y esperé ansiosa... Dieron las cinco y media de la tarde y yo ya estaba lista, sentada frente al espejo intentando encontrar el reflejo de mi alma, dieron las seis, las seis y quince, las seis y media, un cuarto para las siete de la noche y sonó de nuevo el bendito celular... Afirmativo camarada, a las ocho de la noche en el lugar mágico.

Llegué antes de la hora pactada y esperé diez minutos para mandarte el mensaje alarmante de que ya había llegado y que no te veía por ningún lado... Apareciste con una sonrisa y diciéndome que no calculaste bien los tiempos y que llegaste mucho antes de los diez minutos que yo había esperado.

Te seguí, caminamos, conversamos, llegamos al lugar mágico y para nuestra sorpresa la luna y las estrellas nos acompañaban. A pesar que había llevado un chocolate, la historia no estaba completa pues faltaba el chantilly y la cereza... Supongo que ya no importaba, pues creo que fui la primera mujer que te hizo ver las estrellas en la ciudad de Lima.

Todo muy bonito ( aunque suene un poco superficial), hasta la despedida. Llegué exactamente a mi casa a las once de la noche con once minutos, ¿mágico cierto?


Han pasado algunos días de aquella salida. Ya salí del shock, ya estoy superada y más tranquila. Aún espero  para volver a verte esta semana. Dijiste que querías llevar aquella "excusa" a mi casa personalmente y aquí espero, con mis lindos ojitos y con algunos algunos besitos para tus parpaditos que no llegué a darte el martes que nos vimos.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Martes de babuchas.

Dicen que la única manera de odiar una canción es que te la haya dedicado tu ex y te traiga los respectivos recuerdos, o que la tengas de despertador.  En su caso ambas, y no lograba odiarla, sino al contrario, provocaba ponerla de buen humor y hacía que despertase con una sonrisa y placer intenso, irónico.
(Momento – Los Cafres)

Se había levantado temprano, 7:45 am, para haberse acostado a las tres de la mañana, sin hacer nada útil durante el día anterior, era obvio que no había mucho cansancio, solo un leve desvelo. 
No recuerda si salió de la cama pisando con el pie derecho, no encontró sus babuchas donde supuestamente ella recuerda haberlas dejado al recostarse para dormir.
Descalza, se paró frente a la ventana que daba al balcón, corrió las cortinas y, a pesar de ser un frío septiembre, rayos del sol se disipaban en su ventana. Se frotó los ojos, creyendo ver lo posible luego de una madrugada lluviosa. Sonrió. Se estiró. Ojos cerrados, dejó que sus manos intenten tocar el techo, de puntitas. La sangre corría, el aire fluía, soltó un leve gemido y una risita placentera, encogiéndose de hombros se tiró de nuevo a la cama, de espaldas, sin miedo al vacío existente.

Sábanas blancas, cabello castaño. Pijama de verano, irónico para un invierno friolento. 


Esos ojos que me hipnotizan
Busco el paraíso de tu sonrisa Veo hoy, no siempre soy el mismo
Navegando en vos cruzo cualquier abismo

Abrió los ojos, recordó que era martes y que tenía planeado engreírse un poco. Ya no tenía recuerdos que la aten, ni sensaciones de vacío. Nada podía ponerla de mal humor, solo el raro hecho de no encontrar sus babuchas donde las había dejado.

Salió del cuarto dando brincos, mientras sonaba la canción del despertador de fondo. La música se disipaba conforme ella bajaba las escaleras para dirigirse a la cocina. Piernas largas, brazos extendidos que se movían al compás de la lejana música y rozaban las paredes sin dejar huella. Encendió la cocina, colocó la tetera. Se acercó al refrigerador y sacó la caja de leche. La llevó hasta la mesita donde planeaba preparase un café con leche, como los viejos tiempos. Mientras echaba el café a su taza, recordó donde posiblemente estaban sus babuchas, dejó las cosas como estaban y subió corriendo…


Momento de intimidad
Que solo vos y yo podemos alcanzar Y esa melodía surge al danzar
Hablando ese silencio pidiendo más y más

Se acercó al cuarto que se encontraba frente al suyo, la puerta estaba cerrada como de costumbre. Dudó al coger la manija y algo la hizo sentirse extraña, no sabía porque su reacción, y estando parada frente a la puerta, no entendía por qué su reflejo la llevó hacia ese cuarto. Abrió la puerta y al girar la manija un escalofrío invadió su cuerpo. Las luces apagadas no dejaban ver que era lo que había en ese cuarto. Dos pasos hacia adelante, uno hacia atrás. Sin prender las luces ingresó, no sabía porque, solo lo hizo. Giró en su sitio, cerró la puerta, palpó la pared buscando el interruptor para prender algún foco inexistente. Sus ojos inmensos no podían distinguir forma alguna, topó con una cómoda, se ayudó con sus manos para seguir el camino que la llevaba a la oscuridad infinita. Su cuerpo la dominaba, no entendía que estaba haciendo en ese lugar. Sintió que le tocaron la espalda, fue un roce, como que si unos dedos se deslizaran sobre su piel. Se detuvo y dio la vuelta. Con la piel erizada suspiró, estiró sus manos y sintió otro cuerpo. Se dejó llevar.La tomó por la cintura, la apretó fuerte contra sí. Ella, sin dudar, entregó su cuello como presa fácil y dejó que los labios del ser dibujaran caricias en él. Sus pezones se erizaron, sus manos forzaron los brazos que la mantenía apresada, mientras él la mantenía fija, inmóvil, dispuesto a no soltarla e invitarla a jugar. "NO", dijo. Él la ignoró y siguió conquistándola. Sus manos recorrían su silueta,  pechos, cintura, caderas, nalgas… "¡BASTA!",  grito sin reparo, con una voz media quebrada... Fue en vano, los dedos de su agresor llegaron a su húmeda vagina… Ella se colgó de él, colocó hábilmente sus piernas alrededor de su cuerpo, y sosteniéndose de su cuello, lo cogió de los cabellos y los jaló hacia atrás. Efusivamente, lo atacó con un beso intenso, no tiene idea de cuantos segundos logró contenerlo, no dio cuenta hasta que lo soltó y lo dejó sin aliento. Ambos soltaron una risa, cómplices de la travesura. Así cargada, la llevó hacia la cama de aquel cuarto y la recostó suavemente. Ella dejó caer su cuerpo sensualmente, estiró la cabeza hacia atrás y mientras el avanzaba para lamer su cuerpo, ella, con la ayuda de sus codos intentó deslizarse hacia la cabecera de la cama. Fracasó, él la retuvo colocando sus manos en sus tobillos, haciendo que ella se rindiese y se dejara lamer.

Sus tobillos, sus pantorrillas, sus débiles rodillas, sus muslos... Fue la pequeña travesía de la intrépida lengua de aquel sujeto. Al llegar al punto indicado, ella empujó su cabeza, no estaba dispuesta a aceptar aquel disfrute. Él levanto la mirada y, en la oscuridad, pudo distinguir su mirada, percibir un leve gesto de satisfacción, la ignoró y siguió con su cometido. Sus manos deslizaron el pequeño short que aquella traviesa llevaba puesto como pijama. Con los dientes deslizó aquella truza diminuta mientras ella se retorcía de cosquillas confundidas con placer. Demasiado hábil para ser cierto. Las manos de la muchacha agarraron las sábanas, con furia las apretó implorando paciencia para disfrutar de aquel deguste supremo. Las manos del desconocido rozaban sus piernas, dedo por dedo eran deslizados sobre aquella piel tan hidratada, tan suave. Al mismo tiempo su lengua bailaba en lo profundo, mientras ella se retorcía abriendo la boca y repetidas veces, mordiéndose los labios, gimiendo hacia adentro. Los dedos del marinero tomaron por sorpresa aquella vagina ya saboreada, hicieron palpitar cada nervio, sensaciones inexplicables pasaban por su cuerpo. Un dedo, dos dedos… "¡AAH!", exclamó sin aliento. Entraban y salían, volvían a ingresar lento y muy adentro lograba activar un botoncito que hacía que ella pierda el sentido y el control completo de su cuerpo. 

Ella bajó sus manos, arañó su espalda, subió hacia su cuello y la respuesta inmediata que recibió fue que una de las manos traviesas de aquel hombre subiera hasta uno de sus senos. Pezones erizados, placer incontrolable que salía por los poros de su piel. "Ven", susurró mientras él se asomaba. Con ambas manos le quitó el bvd. Su lengua recorrió aquellos pechos perfectos en la oscuridad. Ella tocó su cabeza, él la miró de reojo, mientras seguía haciendo lo suyo. Su espalda fue definida por aquellas manos sutiles, parece que se había apagado un poco el fuego. Ella miró hacia un lado, un "¿qué pasa?" Le volvió la cabeza a su sitio inicial. "Nada, sigue"  Él se detuvo, se acercó a sus labios, acarició su rostro, en la oscuridad se miraron fijamente. "No podemos seguir haciendo esto", dijo ella, empujándolo para poder salir de aquel sueño. Él la retuvo, la besó como jamás nunca la habían besado. Mordió sus labios, su lengua era toda una maestra, hablaba sin pronunciar una sola palabra dentro de su boca. Deslizó sus manos sobre aquel cuerpo de silueta contorneada, pasó por su abdomen y, sin titubear, llegó a su miembro y se lo implantó sin reparo. Ella soltó un gemido, se le fue el alma en un segundo. Mientras la penetraba, sus labios la endulzaban. Lo hacía lento, con ritmo. Era todo un artista. Logró mantenerla inmóvil por algunos segundos. Empezó a acelerar, pequeños alaridos salían de aquellos labios carnosos.  Rosados como su piel, aquella que no podía vislumbrarse por la secreta oscuridad. Gotas de sudor empezaban a emanar de sus cuerpos. Aceleraba. La metía y la sacaba, sin parar, al mismo ritmo, el mismo compás, mientras ella ponía de su parte moviéndose de manera consecuente. De su cuello le colgaba una cadena que, en cada movimiento, reposaba sobre sus pechos. Más rápido, con fuerza, ya la tenía.  Ella, solo sabe como lo hizo, lo tomó de los brazos y con alguna técnica jamás aprendida, decidió domar de la situación y, como buena jinete, empezó a cabalgar en busca de satisfacción. Sentada sobre aquel miembro erecto, empezó a moverse de manera circular, variando con algunos saltos y brincos, con caída libre, suave, ya saben, de esos que los hacen delirar… Impaciente por ver lo invisible, las manos de aquel hombre sucumbieron ante la inmensidad del vacío, tocaron aquellas nalgas redondas, caderas con licencia, una cintura no más insegura y aquellos pechos perfectos sin defectos. Mientras tanto ella se retorcía y hacía su trabajo en busca de placer mutuo.Se encorvó hacia su pecho, manos que la abrazaban por la espalda relajada, empezó a bailar sin ritmo. Una loca, se olvidó del tiempo, del espacio, no existía nada ni nadie que la pudiese parar. Le susurró algo, ella no entendió el mensaje y siguió en lo suyo. 

Había llegado el momento, no escuchaba sus gemidos, no sentía nada más que un leve adormecimiento y ardor al mismo tiempo. Un calientito inexplicable, un vacío absoluto. Sin palabras. Su corazón latía sin ritmo, no tenía voz. A lo lejos se escuchaba el silbido de la tetera, aumentaba conforme pasaban los segundos… Entonces su vagina empezó a palpitar y, por unos segundos, la sensación la inundó toda y se apoderó de su ser, no pudo evitar el jadear, aunque no hiciera nada de ruido ya. Luego, aquel cuerpo un poco frágil, presentó tres o cuatro espasmos, ya ni los contó, pues en ese momento se le nubló la mente y de un intenso despegue de miembros, alcanzó el clímax. La tetera misteriosamente dejó de silbar. Se rindió y la única reacción que tuvo fue recostarse en el pecho de aquel amante. Cuantos minutos, cuantos segundos más, solo el silencio de ese cuarto lo saben... 

Se escucharon llaves, ella saltó del susto. Se paró con gran habilidad y el reflejo de su cuerpo hicieron que sus pies buscaran sus babuchas en el suelo. Las encontró. Salió rápido de la habitación y al cerrar la puerta, así desnuda, se recostó sobre la puerta, mientras mantenía las manos en la manija. Sonrió. Logró disipar una sombra en el primer piso, corrió hacia su cuarto... 
Abajo se escuchó un "¡Carajo! ¿Quién dejó la cocina prendida? ¿De quién mierda es este café?..."
Alguien salió del cuarto de al frente, "Es mío, tío", se escuchó.