"Ojos que no ven, corazón que no siente."
MENTIRA.
Puta, ¿quién eres?
No tengo ni la más pendeja idea de quién puedas ser. Tú si tienes una vaga idea sobre mi y aún así sigues aquí, sin razón alguna aparente. Qué huevada.
Ya vete, desaparece.
Son cinco los días que no me dejas de hablar, ¿ya cánsate no?
¿No te bastó con que se te acabara el saldo en el celular?
Idiota.
¿Qué hacer?
¿Qué hacer cuando el cerebro se te baja al pecho y se cree corazón?
Pues no sé yo, me das asco.
Asco por sentir que eres la única persona en el universo (hasta ahora) que siente igual a mi, que piensa igual a mi, que le gusto tanto igual como me gusta el chimichurri y el wantán frito.
(Vamos a comer niños, amor.)
Jamás en mi penosa vida he probado drogas, pero mi voz delata algo que no soy.
Drogadicta, adicta a tu veneno, a tus palabras, a tu pecho, a tus dedos, a tus labios con sabor a aliño de ensalada César.
Lo sé, me odias. Tanto igual como yo.
AG.
¿En qué momento te metiste en mi cama para jugar a que nos conocemos sin vernos?
Te odio desde el primer día en que empezaste a tratarme como mujer.
Te odio porque soy tu secreto mejor guardado hasta ahora.
Te odio porque no te conosco y me haces sentir la mejor persona del universo.
Te odio porque sonríes tanto igual que yo delante del celular.
(Antisocial de mierda.)
Te odio porque no me dejas dormir.
Te odio porque eres un fracasado que tiene sueño a las dos y media de la madrugada y aún así quiere acompañarme cuando no tengo sueño.
Te odio porque estas conmigo sin estarlo.
Te odio porque sí.
Te odio porque me quieres.
Te odio, ¿ya te lo había dicho?
Te odio.
Bailaremos salsa hasta enamorarnos.
Montaremos bici hasta caernos.
Cantaremos música criolla mudos.
Jugaremos scrabble y monopolio echados en el piso.
Comeremos helados mientras miramos pelas en el sofá de tu sala.
Caminaremos lejos del mar porque te apesta.
Haremos el amor tres veces al día, pero no se lo digas a nadie.
No le digas a nadie que te quiero, porque no te quiero.
No, te quiero.
Mi dislexia acaba de encontrar remedio.
domingo, 20 de enero de 2013
lunes, 7 de enero de 2013
Castillos de Cartón.
Infinito.
No está aquí, no es palpable.
Es único y, aunque sea lo que signifique, no es eterno.
Oscuridad, música, viento, latidos, suspiros, el alma.
Las miradas, los besos, las manos, los cuerpos, la voz, el deseo.
Los sentimientos, que de por si no son ternos, son infinitos en su momento.
Los momentos, todos los momentos son infinitos...
No está aquí, no es palpable.
Es único y, aunque sea lo que signifique, no es eterno.
Oscuridad, música, viento, latidos, suspiros, el alma.
Las miradas, los besos, las manos, los cuerpos, la voz, el deseo.
Los sentimientos, que de por si no son ternos, son infinitos en su momento.
Los momentos, todos los momentos son infinitos...
Castillos de Cartón. (2008)
Director: Salvador García Ruiz.
http://www.youtube.com/watch?v=lCQ3xxSzMUg
"...Y es que nosotros no somos normales, somos artistas."
domingo, 30 de diciembre de 2012
Dos extraños.
Ven, toma lo que siempre fue tuyo. Llévame al infinito mientras intentas descifrar el paraíso absoluto.
Dejemos la luz prendida, quiero verte.
...y me viste con los ojos cerrados. Tus manos intentaban leer en braile lo que mi cuerpo no descifraba.
Oscuridad que nos acompañaba,
música de fondo nos entonaba.
Cortinas que se deslizaban suavemente al compás del viento,
tímidos suspiros de una noche en desvelo.
Tu cuerpo y mi cuerpo encontrándose,
nuestras almas danzando,
nuestras miradas perdidas,
en el deseo, en el olvido...
¿Quiénes somos?
Dos extraños intentando amarse,
descubrirse y conocerse sin saber si quiera cual era el camino.
Tomaste mi mano, me invitaste a caminar.
Me dejé llevar con los ojos cerrados, no quería mirar...
Cogiste mi mentón.
Me encontré con tu mirada.
Sonreíste y, sin titubear, me besaste sin parar.
Coloqué mi mano en tu nuca,
nuestros cuerpos se juntaron y, de lado a lado, empezaron a bailar...
Tus manos recorrían mi cuerpo,
me hacían el amor al compás del tiempo.
Tus besos me llevaban al cielo, con los pies en la tierra bien puestos.
Tus manos dibujaban el deseo,
mis manos sujetaban tus brazos,
fuertes, imponentes ante mi cuerpo.
Nos miramos fijamente, me besaste en la frente y me cargaste a tu cintura.
Empezamos a dar vueltas en sí,
jugábamos como niños,
nos acariciábamos sin prejuicios...
Por un momento me olvidé de donde estábamos,
no distinguía sombra alguna hasta que sentí tu respirar en mi cuello,
en mi espalda, en mi cintura, en mis senos, en mi vientre, en mi pelvis, entre mis piernas...
Y llegaste,
y me hiciste tuya,
y me tenías,
y no me dejabas,
y fuiste tú quien me enseñó a suspirar sin respirar.
Te jalé del cabello hacia arriba,
tu lengua recorrió lo que me quedaba de alma...
Llegaste a mis senos,
mis manos recorrían vilmente tu espalda,
y tus besos, insaciables,
y tu cuerpo, y mi cuerpo
y el infinito...
(...)
No hay olvido, no hay futuro, solo presente.
Presente en el que me amaste, para el olvido.
música de fondo nos entonaba.
Cortinas que se deslizaban suavemente al compás del viento,
tímidos suspiros de una noche en desvelo.
Tu cuerpo y mi cuerpo encontrándose,
nuestras almas danzando,
nuestras miradas perdidas,
en el deseo, en el olvido...
¿Quiénes somos?
Dos extraños intentando amarse,
descubrirse y conocerse sin saber si quiera cual era el camino.
Tomaste mi mano, me invitaste a caminar.
Me dejé llevar con los ojos cerrados, no quería mirar...
Cogiste mi mentón.
Me encontré con tu mirada.
Sonreíste y, sin titubear, me besaste sin parar.
Coloqué mi mano en tu nuca,
nuestros cuerpos se juntaron y, de lado a lado, empezaron a bailar...
Tus manos recorrían mi cuerpo,
me hacían el amor al compás del tiempo.
Tus besos me llevaban al cielo, con los pies en la tierra bien puestos.
Tus manos dibujaban el deseo,
mis manos sujetaban tus brazos,
fuertes, imponentes ante mi cuerpo.
Nos miramos fijamente, me besaste en la frente y me cargaste a tu cintura.
Empezamos a dar vueltas en sí,
jugábamos como niños,
nos acariciábamos sin prejuicios...
Por un momento me olvidé de donde estábamos,
no distinguía sombra alguna hasta que sentí tu respirar en mi cuello,
en mi espalda, en mi cintura, en mis senos, en mi vientre, en mi pelvis, entre mis piernas...
Y llegaste,
y me hiciste tuya,
y me tenías,
y no me dejabas,
y fuiste tú quien me enseñó a suspirar sin respirar.
Te jalé del cabello hacia arriba,
tu lengua recorrió lo que me quedaba de alma...
Llegaste a mis senos,
mis manos recorrían vilmente tu espalda,
y tus besos, insaciables,
y tu cuerpo, y mi cuerpo
y el infinito...
(...)
No hay olvido, no hay futuro, solo presente.
Presente en el que me amaste, para el olvido.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
¿Por qué? No sé.
Es imposible explicarlo, solo sucede, lo sientes, lo sabes y ya.
Empiezas a querer a un extraño, alguien que no conoces ni ves tan seguido, alguien a quién no le importas de la misma manera que te importa a ti, alguien al quien solo llamas por un nombre, porque no sabes si tiene dos o tres, alguien con quien tienes cosas en común y, al mismo tiempo, nada.
Alguien.
Solo alguien.
¿Cómo es posible querer a alguien sin conocer?, alguien al que piensas muy seguido sin saber porqué.
No sé, solo pasa, de un tiempo a otro, no sé como.
No sé.
No sé.
¿Por qué?
No me preguntes, ni yo misma sé.
Me lo pregunto todos los días... Todos los días que pienso y no pienso en ti. Igual, si no te pienso, pienso porque no te pienso y así termino pensando en ti.
No entiendo por qué.
¿Qué hago pensando en ti?
No sé. No quiero saber.
¿Si te sueño?
Ya no tanto como antes, pero te pienso.
Te pienso y te imagino.
Converso contigo mientras me miro al espejo,
beso paredes imaginando que es contigo.
Me recuesto en el sofá y acaricio el viento
imaginando burdamente que es tu cabello.
Me siento en el parque y te miro,
te miro en el vacío. Te miro.
Te sonrío,
me tomas de mano y damos un paseo infinito.
Te abrazo cuando voy a dormir
y te siento respirar al despertar.
Te pienso, te miro, te siento.
¿Por qué?
No sé, no quiero saber.
¿Si te quiero?
No sé, ni quiero saber.
¿Qué hago pensando en ti?
No sé. No quiero saber.
¿Si te sueño?
Ya no tanto como antes, pero te pienso.
Te pienso y te imagino.
Converso contigo mientras me miro al espejo,
beso paredes imaginando que es contigo.
Me recuesto en el sofá y acaricio el viento
imaginando burdamente que es tu cabello.
Me siento en el parque y te miro,
te miro en el vacío. Te miro.
Te sonrío,
me tomas de mano y damos un paseo infinito.
Te abrazo cuando voy a dormir
y te siento respirar al despertar.
Te pienso, te miro, te siento.
¿Por qué?
No sé, no quiero saber.
¿Si te quiero?
No sé, ni quiero saber.
jueves, 13 de diciembre de 2012
la niña baila.
Intensa y sensible,
profunda y complicada.
Sutil desgano de un cuerpo en un vestido blanco.
Cabello suelto que cae por su espalda.
En la cintura, sus manos;
con los pies descalzos,
danzaba en la oscuridad
al compás del viento y la magia que la acompañaba.
Se mira al espejo y descubre su cuerpo.
Senos reflejados,
cuello fino y delicado.
Curvas definidas sueltas sin alma,
placer visual para quien no quiera mirarla.
Se entrega muy rápido,
y a pesar que no hace el amor muy seguido,
siente, vibra y respira en su alma el deseo de lo perdido.
Hace las cosas sin pensar,
suele arrepentirse, pero ya qué...
Al final, no hay marcha atrás.
Imagina cosas, crea historias,
disfruta de las fotos sin contexto,
pornografía explícita sin amor de por medio.
Tiene gustos raros y suele enamorarse de cualquier pendejo que le proponga sexo.
Piensa mucho,
sabe que por eso muere lento.
Entre cosas del pasado
encontró detalles que lleva guardados,
recuerdos casi borrosos de amores pasajeros.
Mensajes sin borrar,
imágenes sin archivar,
historias sin contar.
Sueños apagados,
días grises con fondo morado.
Habitación de hotel,
aromas a piel.
Preservativos mal usados,
miedos frustrados.
Sensaciones pasajeras
y algún sutil orgasmo.
Sábanas de colores,
espejos evaporados...
Sudores y placeres jamás nunca encontrados.
Cinco cuerpos,
cinco miembros.
Cinco historias,
cinco cuentos.
Vacío de recuerdos que con el tiempo ya se hicieron pasajeros.
Historia de cinco.
Historia de uno.
Historia de ella.
Historia de ninguno.
profunda y complicada.
Sutil desgano de un cuerpo en un vestido blanco.
Cabello suelto que cae por su espalda.
En la cintura, sus manos;
con los pies descalzos,
danzaba en la oscuridad
al compás del viento y la magia que la acompañaba.
Se mira al espejo y descubre su cuerpo.
Senos reflejados,
cuello fino y delicado.
Curvas definidas sueltas sin alma,
placer visual para quien no quiera mirarla.
Se entrega muy rápido,
y a pesar que no hace el amor muy seguido,
siente, vibra y respira en su alma el deseo de lo perdido.
Hace las cosas sin pensar,
suele arrepentirse, pero ya qué...
Al final, no hay marcha atrás.
Imagina cosas, crea historias,
disfruta de las fotos sin contexto,
pornografía explícita sin amor de por medio.
Tiene gustos raros y suele enamorarse de cualquier pendejo que le proponga sexo.
Piensa mucho,
sabe que por eso muere lento.
Entre cosas del pasado
encontró detalles que lleva guardados,
recuerdos casi borrosos de amores pasajeros.
Mensajes sin borrar,
imágenes sin archivar,
historias sin contar.
Sueños apagados,
días grises con fondo morado.
Habitación de hotel,
aromas a piel.
Preservativos mal usados,
miedos frustrados.
Sensaciones pasajeras
y algún sutil orgasmo.
Sábanas de colores,
espejos evaporados...
Sudores y placeres jamás nunca encontrados.
Cinco cuerpos,
cinco miembros.
Cinco historias,
cinco cuentos.
Vacío de recuerdos que con el tiempo ya se hicieron pasajeros.
Historia de cinco.
Historia de uno.
Historia de ella.
Historia de ninguno.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
locura o algo así.
¿Y si jugamos un poco?
Así como para salir de la rutina,
así como para engañar a nuestros corazones
dejando que lo nuestro fluya en el vacío de la nada.
Así,
para olvidarme de mi,
de lo que soy,
de lo que tengo,
de lo que necesito,
de lo que quiero.
Para olvidar mis sueños,
para olvidarte y perderte,
luego recuperarte en el intento de olvidarte...
Y así,
enamorarme y enamorarte,
desearte e imaginarte,
perderte y extrañarte,
amarte y odiarte.
Perderme para que me busques y no me encuentres.
Para buscarme y no encontrarme.
Para mirarte sin tocarte.
Para sentirte sin besarte.
Para nada.
Para nada, solo para pensarte.
Pensarte y olvidarme, así...
Juguemos a que nos conocemos lo suficiente como para empezar algo nuevo.
Juguemos a buscarnos en la oscuridad encontrando nuestras almas.
Juguemos a que nos enamoramos en el intento de olvidarnos.
Juguemos para perder.
Para perdernos en el otro.
Perdernos y encontrarnos.
Amándonos, deseándonos,
conociéndonos y sin pensarlo,
extrañarnos,
así como ahora,
así.
Así como para salir de la rutina,
así como para engañar a nuestros corazones
dejando que lo nuestro fluya en el vacío de la nada.
Así,
para olvidarme de mi,
de lo que soy,
de lo que tengo,
de lo que necesito,
de lo que quiero.
Para olvidar mis sueños,
para olvidarte y perderte,
luego recuperarte en el intento de olvidarte...
Y así,
enamorarme y enamorarte,
desearte e imaginarte,
perderte y extrañarte,
amarte y odiarte.
Perderme para que me busques y no me encuentres.
Para buscarme y no encontrarme.
Para mirarte sin tocarte.
Para sentirte sin besarte.
Para nada.
Para nada, solo para pensarte.
Pensarte y olvidarme, así...
Juguemos a que nos conocemos lo suficiente como para empezar algo nuevo.
Juguemos a buscarnos en la oscuridad encontrando nuestras almas.
Juguemos a que nos enamoramos en el intento de olvidarnos.
Juguemos para perder.
Para perdernos en el otro.
Perdernos y encontrarnos.
Amándonos, deseándonos,
conociéndonos y sin pensarlo,
extrañarnos,
así como ahora,
así.
jueves, 29 de noviembre de 2012
Mr. Magic
Febrero.
Día 1.
Macanudo Liniers.
Junio.
Día 2.
Coincidencias de la vida, sin saber yo… Había algo en ti que
me llamaba la atención.
Tu forma de andar, tu chispa al hablar, tu sonrisa al contestar. Tu look tan desalineado, tu cabello alborotado, y un disculpa por casi haber ocasionado un accidente antes de salir a la fiesta.
Tu forma de andar, tu chispa al hablar, tu sonrisa al contestar. Tu look tan desalineado, tu cabello alborotado, y un disculpa por casi haber ocasionado un accidente antes de salir a la fiesta.
Llegaste con el otro grupo, tuvimos que tomar dos taxis para
poder llegar a la discoteca. Aún no entendía bien que pasaba, era la segunda
vez en mi vida en que te veía y ya había algo en ti que me atraía.
Noté que estabas acompañado de una chica, y mis esperanzas de bailar contigo esa noche se fueron con el primer shot de tequila.
Noté que estabas acompañado de una chica, y mis esperanzas de bailar contigo esa noche se fueron con el primer shot de tequila.
No sé en qué momento nos encontramos bailando uno frente al otro y, sin necesidad de que tocases alguna parte de mi cuerpo, empezaba a sentirme extraña. Recuerdo bien que me dijiste que era muy alta y que te gustaban mis ojos… Me sonrojé de inmediato, pues nunca nadie había sido tan directo conmigo, y viniendo de ti, no sabía como reaccionar. Bailamos quizás una canción o dos, con eso me contenté pues había perdido las esperanzas de verte sonreír cerca a mi.
Vi que la besaste y por algún momento deseé estar en su
lugar, no por ser tú quien la besara, si no porque hacía mucho que no besaba a
alguien con tanto cariño y con tanta sed de pertenencia…
Y así pasaron las horas… Nos divertíamos cada quién por su
lado, y no creo que haya sido casualidad que, en las pocas veces que nos
cruzábamos, repetías lo de mis ojos. Estoy de acuerdo con que algo raro pasaba…
Te perdí de vista al salir, no volví a saber de ti…
Y así fue como pasó, así fue como sucedió…
Octubre.
Día 3.
No estaba en mis planes salir ese día, de por sí estaba
desanimada…
Siendo las once de la noche de un lunes con alma de feriado al día siguiente, decidí combinar lo primero que encontré en mi
armario, sin permiso alguno para salir de mi casa. Bajé ya con los tacos, esos
que me hacen ver mucho más alta de lo que soy y, sin miedo y sin pedirle
permiso a mi padre, con la ayuda de mi madre, salí de casa rumbo al cumpleaños
de tu hermana.
El permiso era hasta las 3, pero en mis sospechas estaba que mi madre vendría a recogerme más temprano ya que papá no sabía que estaba fuera de casa.
Estaba nerviosa, porque al entrar no esperaba verte,
ridículamente sabiendo que era tu casa y que en algún momento tenía que cruzarme contigo,
¿cierto?...
Ahí estabas, con un polo negro, el cabello corto, muy distinto a la última vez que te vi, pero con la sonrisa de siempre y tu actitud tan única, rara para ti.
Ahí estabas, con un polo negro, el cabello corto, muy distinto a la última vez que te vi, pero con la sonrisa de siempre y tu actitud tan única, rara para ti.
Tardaste mucho en acercarte y sacarme a bailar, lo hubiera
hecho yo, aunque yo misma no me lo creí luego, no estuve pendiente de ti, solo
intentaba distraerme de los problemas y pendientes que había dejado en casa.
Me gustan tus ojos,
son grandes. Una vez más me sonrojé y, como en la fiesta pasada lo único
que hice fue taparme la mirada y desviarla mientras mis mejillas tomaban más
color. Te respondí que me gustaba tu sonrisa y atinaste a sonreírme hasta cansarte.
Mientras bailábamos comenzó la conversación, ¿qué tal te va en la universidad? Te dije que bien. Me pediste que te preguntara lo mismo y lo hice, tu respuesta fueron más de cincuenta palabras… Terminamos de bailar y me dijiste que era una mujer de "pocas palabras". Me quedé picona, pues esa es una vil mentira.
Mientras bailábamos comenzó la conversación, ¿qué tal te va en la universidad? Te dije que bien. Me pediste que te preguntara lo mismo y lo hice, tu respuesta fueron más de cincuenta palabras… Terminamos de bailar y me dijiste que era una mujer de "pocas palabras". Me quedé picona, pues esa es una vil mentira.
Bailamos un par de veces más, en grupo… Y así, pasaron las horas y te perdiste…
Como lo había sospechado, mi madre llegó antes de las tres;
dos y treinta de la madrugada para ser más exacta. Demoré quince minutos en
buscar mi abrigo en el cuarto en el que lo habían guardado… Mientras tanto no
aparecías, encontré mi abrigo y me fui…
Llegué a casa sigilosa, mi padre estaba durmiendo y no dejé sospecha alguna de mi salida, pues me quité los tacos antes de entrar a casa.
Travesura realizada. Logré salir de mi casa sin autorización y te vi después de
muchos meses.
Me quité el maquillaje, me di una ducha rápida y al ponerme el pijama recordé lo que me dijiste: mujer de pocas palabras, aún no lo creía y fui dispuesta a la venganza.
Me quité el maquillaje, me di una ducha rápida y al ponerme el pijama recordé lo que me dijiste: mujer de pocas palabras, aún no lo creía y fui dispuesta a la venganza.
Recostada en mi cama y sin miedo, cogí mi celular para
escribirte un mensaje al Facebook con más de cuarenta palabras explicándote porqué
solo te había respondido con una sola…
Dormí sin pensar en nada, desperté pensando en ti, y sí, al
despertar había una respuesta tuya…
Pasé de ser una mujer de pocas palabras a una con "más o menos pocas palabras".
Día 4.
Al parecer un domingo cualquiera, en una situación cualquiera. Con un castigo por haberme "escapado" la semana pasada, decidí, esta vez, pedir permiso para salir de casa.
Coincidencia o no, te animarías a ir solo para saludar a tu ex enamorada, quizás para ver también mis lindos ojitos o simplemente para salir de casa.
Me contaste que saliste con el permiso de ir a comprar una cañita y de saludar a una amiga por su cumpleaños... Terminaste estando fuera de casa más de media hora y con tres llamadas perdidas en tu celular.
Estar sentada en las escaleras ese día me hizo sentir extraña, como más cercana a ti sin conocerte aún. Hablamos poco, lo suficiente para descartar cualquier timidez y demostrarte que hablaba y dejar aquella historia de pocas palabras.
Al ver las llamadas perdidas y dándote cuenta de la hora, tomaste la decisión de ir a casa. No había excusa, ni justificación, solo curiosidad y una salida pendiente aprovechando que yo estaría disponible para salir ya que no tenía responsabilidades universitarias.
Y así fue, así me ilusioné, así te tomé más importancia, así.
Al último encuentro te desapareciste una semana. Estando ilusionada y sin perder la esperanzas de que nos volviésemos a encontrar, sea por casualidad o por algún motivo, no dejaba de pensarte y se me hacía raro...
A una semana de tu desaparición mágica, decidí proponerme algo, de por sí loco y descabellado, pero tenía que hacerlo pues sentía que era necesario.
Pedí señales un domingo, dije que si por nada del mundo aparecía algo que recordara a ti o, en su defecto, no me hablases, estaba dispuesta a olvidarte y seguir mi camino como si nada hubiese pasado...
Salí a caminar para distraerme un poco, de regreso a casa y casi sin esperanzas, encontré un juego de naipes en la pista. Inmediatamente lo relacioné contigo, creo que fue porque tenías una foto de perfil de aquello. Sonreí y seguí mi camino. Era magia, asumí que esa era una señal, solo faltaba que aparecieras.
Más tarde, mientras miraba televisión, llegó una notificación tuya a mi celular y sí, recuperé las esperanzas y empecé a creer que cosas mágicas pasaban.
Hablábamos no tan seguido, lo suficiente como para no dejar de pensarte.
No entendía porqué me atraías tanto si ni siquiera te conocía. Me mencionaste que querías salir conmigo en dos ocasiones, pero tus horarios en la universidad y responsabilidades pendientes no te lo permitían.
Entre conversaciones de chocolate, chantilly, cerezas, la luna, el cielo, las nubes y las estrellas, me empecé a dar cuenta que esto era serio, dudo que para ti, pero si para mi...
Un día me propuse invitarte a salir, no me importaba si esta vez sería rechazada , mejor dicho, desplazada por tus responsabilidades y deberes, ya no me importaba, solo quería intentarlo y como siempre, tú haciendo magia. Apareciste de la nada y me presentaste la oportunidad de vernos, con una "excusa" bien fundamentada.
Día 5.
Era martes y esperaba tu llamada desde las ocho de la mañana... Dieron las nueve, las diez, las once y algo y sonó el bendito celular, confirmando la salida de aquel día. Me dijiste que me volverías a llamar a las seis, cuando salieras de clase para definir la hora y lugar del encuentro y esperé ansiosa... Dieron las cinco y media de la tarde y yo ya estaba lista, sentada frente al espejo intentando encontrar el reflejo de mi alma, dieron las seis, las seis y quince, las seis y media, un cuarto para las siete de la noche y sonó de nuevo el bendito celular... Afirmativo camarada, a las ocho de la noche en el lugar mágico.
Llegué antes de la hora pactada y esperé diez minutos para mandarte el mensaje alarmante de que ya había llegado y que no te veía por ningún lado... Apareciste con una sonrisa y diciéndome que no calculaste bien los tiempos y que llegaste mucho antes de los diez minutos que yo había esperado.
Te seguí, caminamos, conversamos, llegamos al lugar mágico y para nuestra sorpresa la luna y las estrellas nos acompañaban. A pesar que había llevado un chocolate, la historia no estaba completa pues faltaba el chantilly y la cereza... Supongo que ya no importaba, pues creo que fui la primera mujer que te hizo ver las estrellas en la ciudad de Lima.
Todo muy bonito ( aunque suene un poco superficial), hasta la despedida. Llegué exactamente a mi casa a las once de la noche con once minutos, ¿mágico cierto?
Han pasado algunos días de aquella salida. Ya salí del shock, ya estoy superada y más tranquila. Aún espero para volver a verte esta semana. Dijiste que querías llevar aquella "excusa" a mi casa personalmente y aquí espero, con mis lindos ojitos y con algunos algunos besitos para tus parpaditos que no llegué a darte el martes que nos vimos.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Martes de babuchas.
Dicen que la única manera de odiar una
canción es que te la haya dedicado tu ex y te traiga los respectivos recuerdos,
o que la tengas de despertador. En su caso ambas, y no lograba odiarla, sino
al contrario, provocaba ponerla de buen humor y hacía que despertase con una
sonrisa y placer intenso, irónico.
Se había levantado temprano, 7:45 am, para haberse acostado a las tres de la mañana, sin hacer nada útil durante el día anterior, era obvio que no había mucho cansancio, solo un leve desvelo.
No recuerda si salió de la cama pisando con el pie derecho, no encontró sus babuchas donde supuestamente ella recuerda haberlas dejado al recostarse para dormir.
Descalza, se paró frente a la ventana que daba al balcón, corrió las cortinas y, a pesar de ser un frío septiembre, rayos del sol se disipaban en su ventana. Se frotó los ojos, creyendo ver lo posible luego de una madrugada lluviosa. Sonrió. Se estiró. Ojos cerrados, dejó que sus manos intenten tocar el techo, de puntitas. La sangre corría, el aire fluía, soltó un leve gemido y una risita placentera, encogiéndose de hombros se tiró de nuevo a la cama, de espaldas, sin miedo al vacío existente.
Sábanas blancas, cabello castaño. Pijama de
verano, irónico para un invierno friolento.
Abrió los ojos, recordó que era martes y
que tenía planeado engreírse un poco. Ya no tenía recuerdos que la aten, ni
sensaciones de vacío. Nada podía ponerla de mal humor, solo el raro hecho de no
encontrar sus babuchas donde las
había dejado.
Salió del cuarto dando brincos, mientras
sonaba la canción del despertador de fondo. La música se disipaba conforme ella
bajaba las escaleras para dirigirse a la cocina. Piernas largas, brazos extendidos que se
movían al compás de la lejana música y rozaban las paredes sin dejar huella. Encendió la cocina, colocó la tetera. Se
acercó al refrigerador y sacó la caja de leche. La llevó hasta la mesita donde
planeaba preparase un café con leche, como los viejos tiempos. Mientras echaba
el café a su taza, recordó donde posiblemente estaban sus babuchas, dejó las cosas como estaban y subió corriendo…
Se acercó al
cuarto que se encontraba frente al suyo, la puerta estaba cerrada como de
costumbre. Dudó al coger la manija y algo la hizo sentirse extraña, no sabía
porque su reacción, y estando parada frente a la puerta, no entendía por qué su
reflejo la llevó hacia ese cuarto. Abrió la puerta y
al girar la manija un escalofrío invadió su cuerpo. Las luces apagadas no
dejaban ver que era lo que había en ese cuarto. Dos pasos hacia adelante, uno
hacia atrás. Sin prender las luces ingresó, no sabía porque, solo lo hizo. Giró
en su sitio, cerró la puerta, palpó la pared buscando el interruptor para
prender algún foco inexistente. Sus ojos inmensos no podían distinguir forma
alguna, topó con una cómoda, se ayudó con sus manos para seguir el camino que
la llevaba a la oscuridad infinita. Su cuerpo la dominaba, no entendía que
estaba haciendo en ese lugar. Sintió que le tocaron la espalda, fue un roce,
como que si unos dedos se deslizaran sobre su piel. Se detuvo y dio la vuelta.
Con la piel erizada suspiró, estiró sus manos y sintió otro cuerpo. Se dejó
llevar.La tomó por la
cintura, la apretó fuerte contra sí. Ella, sin dudar, entregó su cuello como
presa fácil y dejó que los labios del ser dibujaran caricias en él. Sus pezones
se erizaron, sus manos forzaron los brazos que la mantenía apresada, mientras
él la mantenía fija, inmóvil, dispuesto a no soltarla e invitarla a jugar. "NO", dijo. Él la ignoró y siguió conquistándola. Sus
manos recorrían su silueta, pechos, cintura, caderas, nalgas… "¡BASTA!", grito sin reparo, con una voz media
quebrada... Fue en vano, los dedos de su agresor llegaron a su húmeda vagina… Ella se colgó de
él, colocó hábilmente sus piernas alrededor de su cuerpo, y sosteniéndose de su
cuello, lo cogió de los cabellos y los jaló hacia atrás. Efusivamente, lo atacó
con un beso intenso, no tiene idea de cuantos segundos logró contenerlo, no dio
cuenta hasta que lo soltó y lo dejó sin aliento. Ambos soltaron una risa,
cómplices de la travesura. Así cargada, la llevó hacia la cama de aquel cuarto
y la recostó suavemente. Ella dejó caer su cuerpo sensualmente, estiró la
cabeza hacia atrás y mientras el avanzaba para lamer su cuerpo, ella, con la
ayuda de sus codos intentó deslizarse hacia la cabecera de la cama. Fracasó, él
la retuvo colocando sus manos en sus tobillos, haciendo que ella se rindiese y
se dejara lamer.
Sus tobillos, sus pantorrillas, sus débiles rodillas, sus muslos... Fue la pequeña travesía de la intrépida lengua de aquel sujeto. Al llegar al punto indicado, ella empujó su cabeza, no estaba dispuesta a aceptar aquel disfrute. Él levanto la mirada y, en la oscuridad, pudo distinguir su mirada, percibir un leve gesto de satisfacción, la ignoró y siguió con su cometido. Sus manos deslizaron el pequeño short que aquella traviesa llevaba puesto como pijama. Con los dientes deslizó aquella truza diminuta mientras ella se retorcía de cosquillas confundidas con placer. Demasiado hábil para ser cierto. Las manos de la muchacha agarraron las sábanas, con furia las apretó implorando paciencia para disfrutar de aquel deguste supremo. Las manos del desconocido rozaban sus piernas, dedo por dedo eran deslizados sobre aquella piel tan hidratada, tan suave. Al mismo tiempo su lengua bailaba en lo profundo, mientras ella se retorcía abriendo la boca y repetidas veces, mordiéndose los labios, gimiendo hacia adentro. Los dedos del marinero tomaron por sorpresa aquella vagina ya saboreada, hicieron palpitar cada nervio, sensaciones inexplicables pasaban por su cuerpo. Un dedo, dos dedos… "¡AAH!", exclamó sin aliento. Entraban y salían, volvían a ingresar lento y muy adentro lograba activar un botoncito que hacía que ella pierda el sentido y el control completo de su cuerpo.
Ella bajó sus manos, arañó su espalda, subió hacia su cuello y la respuesta inmediata que recibió fue que una de las manos traviesas de aquel hombre subiera hasta uno de sus senos. Pezones erizados, placer incontrolable que salía por los poros de su piel. "Ven", susurró mientras él se asomaba. Con ambas manos le quitó el bvd. Su lengua recorrió aquellos pechos perfectos en la oscuridad. Ella tocó su cabeza, él la miró de reojo, mientras seguía haciendo lo suyo. Su espalda fue definida por aquellas manos sutiles, parece que se había apagado un poco el fuego. Ella miró hacia un lado, un "¿qué pasa?" Le volvió la cabeza a su sitio inicial. "Nada, sigue" Él se detuvo, se acercó a sus labios, acarició su rostro, en la oscuridad se miraron fijamente. "No podemos seguir haciendo esto", dijo ella, empujándolo para poder salir de aquel sueño. Él la retuvo, la besó como jamás nunca la habían besado. Mordió sus labios, su lengua era toda una maestra, hablaba sin pronunciar una sola palabra dentro de su boca. Deslizó sus manos sobre aquel cuerpo de silueta contorneada, pasó por su abdomen y, sin titubear, llegó a su miembro y se lo implantó sin reparo. Ella soltó un gemido, se le fue el alma en un segundo. Mientras la penetraba, sus labios la endulzaban. Lo hacía lento, con ritmo. Era todo un artista. Logró mantenerla inmóvil por algunos segundos. Empezó a acelerar, pequeños alaridos salían de aquellos labios carnosos. Rosados como su piel, aquella que no podía vislumbrarse por la secreta oscuridad. Gotas de sudor empezaban a emanar de sus cuerpos. Aceleraba. La metía y la sacaba, sin parar, al mismo ritmo, el mismo compás, mientras ella ponía de su parte moviéndose de manera consecuente. De su cuello le colgaba una cadena que, en cada movimiento, reposaba sobre sus pechos. Más rápido, con fuerza, ya la tenía. Ella, solo sabe como lo hizo, lo tomó de los brazos y con alguna técnica jamás aprendida, decidió domar de la situación y, como buena jinete, empezó a cabalgar en busca de satisfacción. Sentada sobre aquel miembro erecto, empezó a moverse de manera circular, variando con algunos saltos y brincos, con caída libre, suave, ya saben, de esos que los hacen delirar… Impaciente por ver lo invisible, las manos de aquel hombre sucumbieron ante la inmensidad del vacío, tocaron aquellas nalgas redondas, caderas con licencia, una cintura no más insegura y aquellos pechos perfectos sin defectos. Mientras tanto ella se retorcía y hacía su trabajo en busca de placer mutuo.Se encorvó hacia su pecho, manos que la abrazaban por la espalda relajada, empezó a bailar sin ritmo. Una loca, se olvidó del tiempo, del espacio, no existía nada ni nadie que la pudiese parar. Le susurró algo, ella no entendió el mensaje y siguió en lo suyo.
Había llegado el momento, no escuchaba sus gemidos, no sentía nada más que un leve adormecimiento y ardor al mismo tiempo. Un calientito inexplicable, un vacío absoluto. Sin palabras. Su corazón latía sin ritmo, no tenía voz. A lo lejos se escuchaba el silbido de la tetera, aumentaba conforme pasaban los segundos… Entonces su vagina empezó a palpitar y, por unos segundos, la sensación la inundó toda y se apoderó de su ser, no pudo evitar el jadear, aunque no hiciera nada de ruido ya. Luego, aquel cuerpo un poco frágil, presentó tres o cuatro espasmos, ya ni los contó, pues en ese momento se le nubló la mente y de un intenso despegue de miembros, alcanzó el clímax. La tetera misteriosamente dejó de silbar. Se rindió y la única reacción que tuvo fue recostarse en el pecho de aquel amante. Cuantos minutos, cuantos segundos más, solo el silencio de ese cuarto lo saben...
Se escucharon llaves, ella saltó del susto. Se paró con gran habilidad y el reflejo de su cuerpo hicieron que sus pies buscaran sus babuchas en el suelo. Las encontró. Salió rápido de la habitación y al cerrar la puerta, así desnuda, se recostó sobre la puerta, mientras mantenía las manos en la manija. Sonrió. Logró disipar una sombra en el primer piso, corrió hacia su cuarto...
Abajo se escuchó un "¡Carajo! ¿Quién dejó la cocina prendida? ¿De quién mierda es este café?..."
Alguien salió del cuarto de al frente, "Es mío, tío", se escuchó.
(Momento – Los Cafres)
Se había levantado temprano, 7:45 am, para haberse acostado a las tres de la mañana, sin hacer nada útil durante el día anterior, era obvio que no había mucho cansancio, solo un leve desvelo.
No recuerda si salió de la cama pisando con el pie derecho, no encontró sus babuchas donde supuestamente ella recuerda haberlas dejado al recostarse para dormir.
Descalza, se paró frente a la ventana que daba al balcón, corrió las cortinas y, a pesar de ser un frío septiembre, rayos del sol se disipaban en su ventana. Se frotó los ojos, creyendo ver lo posible luego de una madrugada lluviosa. Sonrió. Se estiró. Ojos cerrados, dejó que sus manos intenten tocar el techo, de puntitas. La sangre corría, el aire fluía, soltó un leve gemido y una risita placentera, encogiéndose de hombros se tiró de nuevo a la cama, de espaldas, sin miedo al vacío existente.
Esos ojos
que me hipnotizan
Busco el paraíso de tu sonrisa Veo hoy, no siempre soy el mismo
Navegando en vos cruzo cualquier abismo
Momento
de intimidad
Que solo vos y yo podemos alcanzar Y esa melodía surge al danzar
Hablando ese silencio pidiendo más y más
Sus tobillos, sus pantorrillas, sus débiles rodillas, sus muslos... Fue la pequeña travesía de la intrépida lengua de aquel sujeto. Al llegar al punto indicado, ella empujó su cabeza, no estaba dispuesta a aceptar aquel disfrute. Él levanto la mirada y, en la oscuridad, pudo distinguir su mirada, percibir un leve gesto de satisfacción, la ignoró y siguió con su cometido. Sus manos deslizaron el pequeño short que aquella traviesa llevaba puesto como pijama. Con los dientes deslizó aquella truza diminuta mientras ella se retorcía de cosquillas confundidas con placer. Demasiado hábil para ser cierto. Las manos de la muchacha agarraron las sábanas, con furia las apretó implorando paciencia para disfrutar de aquel deguste supremo. Las manos del desconocido rozaban sus piernas, dedo por dedo eran deslizados sobre aquella piel tan hidratada, tan suave. Al mismo tiempo su lengua bailaba en lo profundo, mientras ella se retorcía abriendo la boca y repetidas veces, mordiéndose los labios, gimiendo hacia adentro. Los dedos del marinero tomaron por sorpresa aquella vagina ya saboreada, hicieron palpitar cada nervio, sensaciones inexplicables pasaban por su cuerpo. Un dedo, dos dedos… "¡AAH!", exclamó sin aliento. Entraban y salían, volvían a ingresar lento y muy adentro lograba activar un botoncito que hacía que ella pierda el sentido y el control completo de su cuerpo.
Ella bajó sus manos, arañó su espalda, subió hacia su cuello y la respuesta inmediata que recibió fue que una de las manos traviesas de aquel hombre subiera hasta uno de sus senos. Pezones erizados, placer incontrolable que salía por los poros de su piel. "Ven", susurró mientras él se asomaba. Con ambas manos le quitó el bvd. Su lengua recorrió aquellos pechos perfectos en la oscuridad. Ella tocó su cabeza, él la miró de reojo, mientras seguía haciendo lo suyo. Su espalda fue definida por aquellas manos sutiles, parece que se había apagado un poco el fuego. Ella miró hacia un lado, un "¿qué pasa?" Le volvió la cabeza a su sitio inicial. "Nada, sigue" Él se detuvo, se acercó a sus labios, acarició su rostro, en la oscuridad se miraron fijamente. "No podemos seguir haciendo esto", dijo ella, empujándolo para poder salir de aquel sueño. Él la retuvo, la besó como jamás nunca la habían besado. Mordió sus labios, su lengua era toda una maestra, hablaba sin pronunciar una sola palabra dentro de su boca. Deslizó sus manos sobre aquel cuerpo de silueta contorneada, pasó por su abdomen y, sin titubear, llegó a su miembro y se lo implantó sin reparo. Ella soltó un gemido, se le fue el alma en un segundo. Mientras la penetraba, sus labios la endulzaban. Lo hacía lento, con ritmo. Era todo un artista. Logró mantenerla inmóvil por algunos segundos. Empezó a acelerar, pequeños alaridos salían de aquellos labios carnosos. Rosados como su piel, aquella que no podía vislumbrarse por la secreta oscuridad. Gotas de sudor empezaban a emanar de sus cuerpos. Aceleraba. La metía y la sacaba, sin parar, al mismo ritmo, el mismo compás, mientras ella ponía de su parte moviéndose de manera consecuente. De su cuello le colgaba una cadena que, en cada movimiento, reposaba sobre sus pechos. Más rápido, con fuerza, ya la tenía. Ella, solo sabe como lo hizo, lo tomó de los brazos y con alguna técnica jamás aprendida, decidió domar de la situación y, como buena jinete, empezó a cabalgar en busca de satisfacción. Sentada sobre aquel miembro erecto, empezó a moverse de manera circular, variando con algunos saltos y brincos, con caída libre, suave, ya saben, de esos que los hacen delirar… Impaciente por ver lo invisible, las manos de aquel hombre sucumbieron ante la inmensidad del vacío, tocaron aquellas nalgas redondas, caderas con licencia, una cintura no más insegura y aquellos pechos perfectos sin defectos. Mientras tanto ella se retorcía y hacía su trabajo en busca de placer mutuo.Se encorvó hacia su pecho, manos que la abrazaban por la espalda relajada, empezó a bailar sin ritmo. Una loca, se olvidó del tiempo, del espacio, no existía nada ni nadie que la pudiese parar. Le susurró algo, ella no entendió el mensaje y siguió en lo suyo.
Había llegado el momento, no escuchaba sus gemidos, no sentía nada más que un leve adormecimiento y ardor al mismo tiempo. Un calientito inexplicable, un vacío absoluto. Sin palabras. Su corazón latía sin ritmo, no tenía voz. A lo lejos se escuchaba el silbido de la tetera, aumentaba conforme pasaban los segundos… Entonces su vagina empezó a palpitar y, por unos segundos, la sensación la inundó toda y se apoderó de su ser, no pudo evitar el jadear, aunque no hiciera nada de ruido ya. Luego, aquel cuerpo un poco frágil, presentó tres o cuatro espasmos, ya ni los contó, pues en ese momento se le nubló la mente y de un intenso despegue de miembros, alcanzó el clímax. La tetera misteriosamente dejó de silbar. Se rindió y la única reacción que tuvo fue recostarse en el pecho de aquel amante. Cuantos minutos, cuantos segundos más, solo el silencio de ese cuarto lo saben...
Se escucharon llaves, ella saltó del susto. Se paró con gran habilidad y el reflejo de su cuerpo hicieron que sus pies buscaran sus babuchas en el suelo. Las encontró. Salió rápido de la habitación y al cerrar la puerta, así desnuda, se recostó sobre la puerta, mientras mantenía las manos en la manija. Sonrió. Logró disipar una sombra en el primer piso, corrió hacia su cuarto...
Abajo se escuchó un "¡Carajo! ¿Quién dejó la cocina prendida? ¿De quién mierda es este café?..."
Alguien salió del cuarto de al frente, "Es mío, tío", se escuchó.
viernes, 24 de agosto de 2012
Nunca digas jamás, nunca.
"Desde hoy por la mañana he recuperado misteriosamente mi virginidad. No trates de entender porque solo quien es mujer sabe lo que digo..."A orillas del río Piedra me senté y lloré. - Paulo Coelho.
Él había puesto el paraíso a mis pies.
Había sacado de mi lo mejor y lo peor.
Para cuando lo conocí no sabía quien era, buscaba dentro de mí y no me hallaba.
Al mirar en sus ojos pude ver mi reflejo, vi lo impalpable, lo irracional de mi ser.
El placer que sus ojos reflejaban eran incomparables a lo que los mios podían sentir.
Me perdía en su mirada, en su ser, en la forma mágica en la que sus dedos me tocaban, sin tocarme al mismo tiempo, moviendo todo en mi, haciendo de esto una guerra interminable no con él, si no conmigo misma. No quería gozar al máximo, me limitaba en el disfrute. Tenía que ser precavida, no estaba permitido enamorarse.Todo eso que creía que le pertenecía a alguien más, no existía ya. Simplemente no le pertenecía. Descubrí que era suya a partir de ese momento, no había pasado que me tuviese ya.
Crucé
la esquina, lo vi desde el paradero y no había cambiado mucho. Prendió un
pucho, me hizo acordar los viejos tiempos, esos en donde nos sentábamos a
hablar de la vida en Alonso de Molina,
hacía dos años, un poco más o menos, quizás…
Me miro y un tímido “Hola, ¿cómo estas? “ - salió espontáneo de nuestros labios, casi al mismo tiempo. Y fue incómodo, porque no sabía si besarlo en la mejilla o qué.
Me miro y un tímido “Hola, ¿cómo estas? “ - salió espontáneo de nuestros labios, casi al mismo tiempo. Y fue incómodo, porque no sabía si besarlo en la mejilla o qué.
Ambos estábamos sorprendidos o nerviosos, no lo sé. Yo temblaba y no sabía que
decir. Lo habíamos planeado la noche anterior y no había tiempo para
arrepentirse.
Fue un momento en el que no me hallaba en la situación, todo parecía extraño. Demasiado perfecto para hacer una historia de amor, sin amor, creíble.
Fue un momento en el que no me hallaba en la situación, todo parecía extraño. Demasiado perfecto para hacer una historia de amor, sin amor, creíble.
Estando
a su lado, descubrí que lo que sentía por él hacía tiempo, jamás se había ido.
Su mirada era la misma, nada en él había cambiado. Su voz, de por si me
excitaba. En ese momento tuve el primer orgasmo de la tarde: el placer de
sentirme envidiada por cualquier mujer que me vea. A mi lado estaba el hombre
más perfecto del universo. Perfecto para mí, no me importaba el resto.
Me tomó
de la mano y caminamos sin rumbo. Dimos unos pasos y se armó de valor para
coger un taxi e ir a donde el destino nos llevase… a donde él tuviese planeado,
en verdad, porque por un momento me desentendí de la situación y quise sentirme
ajena al momento.
Muy cortés, me abrió la puerta del taxi.
Muy cortés, me abrió la puerta del taxi.
Listo,
aun no sabía el destino. Estaba con él, total, ya nada podía salir mal.
La
conversación para el camino la inició él ya sin timidez. Escuchar su voz me
daba esa calma, la paz que necesitaba. Me dijo que yo había cambiado mucho a la
última vez que me vio, y sé que no se refería a la vez que nos cruzamos cuando
él estaba acompañado de ella, o cuando hace algunos meses se cruzó en mi camino
como “mi amor platónico” o el tan esperado “amor de mi vida” manejando el carro
de su mami… Me vio distinta a aquellas mañanas en las que salía de clase
corriendo para verlo en el lugar de siempre, a aquella última vez en la que me
propuso algo indecente echados frente al edificio de medicina en la
universidad… Me vio diferente y mejor, a lo que él se refería con mi físico. Y
efectivamente, doce kilos habían sido eliminados de mi cuerpo por falta de
autoestima, y aun así no era suficiente, y con miedos me aventuraba a enseñarle
de mi todo, lo que muchos otros ni siquiera han visto en la playa…
Llegamos
al destino, me sentí incómoda cuando pagó el taxi, me sentí conchuda por un
momento, pero anoche él dijo que se encargaba de todos los gastos.
Amor, a
cambio de placer mutuo. Ese era el cheque millonario que yo recibía de
recompensa.
Dije
que jamás pisaría uno. JAMÁS.
El dicho: “nunca digas nunca” no sirve en esta historia. Que yo recuerde, jamás dije nunca. ¿Por qué tenía que cumplirse el dicho entonces?
El dicho: “nunca digas nunca” no sirve en esta historia. Que yo recuerde, jamás dije nunca. ¿Por qué tenía que cumplirse el dicho entonces?
Entré
con miedo, era un lugar conocido ya que la ruta era concurrida por muchos. Los
nervios hacían que caminase rápido. El “es
aquí” hizo que se me acelerara el corazón a cuchucientosmil por hora. Tenía
la sensación de que alguien que me conocía estaba tras mio, o delante mio, o en
alguno de esos carros estacionados en el semáforo de la Av. Circunvalación.
“¡¿Es broma?!”, dije. Soltó una carcajada y un “no” salió de su boca, mientras me abría la puerta de aquel lugar
sin salida.
Se me
nubló todo. Mis piernas temblaban.
Lo que estaba ocurriendo definitivamente era un sueño. No podía ser capaz. Era increíble.
Lo que estaba ocurriendo definitivamente era un sueño. No podía ser capaz. Era increíble.
Mientras
el hacía los trámites, yo solo miraba el vacío, intentando hallar seguridad en
cualquier punto ajeno a mi. No podía dar marcha atrás. Él estaba ansioso, más
nervioso que yo, imposible. No recuerdo en que momento subimos hacia el destino
que ambos trazamos sin miedo a perder la vergüenza.
Todo era verde, me refería a las paredes de los corredores.
No estoy segura si subimos tres o cuatro pisos. Ya estábamos dentro del infierno.
Todo era verde, me refería a las paredes de los corredores.
No estoy segura si subimos tres o cuatro pisos. Ya estábamos dentro del infierno.
Siempre
tuve la idea que al entrar a uno de estos escucharía mil huevadas de
habitaciones vecinas, pero me equivoqué, quizás para mi suerte, y salud mental,
aun nadie empezaba a disfrutar de su desdicha, o quizás ya habían terminado, o
qué se yo. Debía concentrarme y dejar el miedo. Esta era la situación, nuestra
situación. Lista o no, de alguna manera teníamos que empezar.
Intenté
ser dulce y mi lista de pendientes empezó a ser tachada.
Lo besé.
Lo besé.
Creo
que beso mal. No sé. O fueron los nervios. No sé.
Reímos los dos al mismo tiempo, era momento de dejar de hablar y empezar a bailar.
Reímos los dos al mismo tiempo, era momento de dejar de hablar y empezar a bailar.
Creo
que fui torpe a quitarme la ropa, me hubiese gustado ser algo más femenina, le
echaré la culpa a las ganas, definitivamente ganaron.
Silencios
profundos nos acompañaban contradiciéndose al mismo tiempo con gemidos
repentinos. Esos gemidos sin ruido, aquellos que escuchas solo en tu cabeza
mientras el besa partes jamás nunca besadas. Ya estábamos en el juego, con
inseguridades o no, decidí seguir su andar. A media luz, todo perfecto. La
travesía estaba dispuesta a continuar.
El
placer de su mirada, sus labios cuando recorrían mi piel. La magia de su
cuerpo, sus manos, sus dedos, su espalda, sus piernas...
Mi cuerpo llegaba al climax mientras el jugaba a portarse bien. Mi alma no conocía de prejuicios, mi cuerpo no me pertenecía, lo había perdido en el momento en el que me hizo suya por completo. Cerré los ojos y me aventuré, me dejé llevar…
Mi cuerpo llegaba al climax mientras el jugaba a portarse bien. Mi alma no conocía de prejuicios, mi cuerpo no me pertenecía, lo había perdido en el momento en el que me hizo suya por completo. Cerré los ojos y me aventuré, me dejé llevar…
¿En qué
momento terminamos siendo esclavos el uno del otro?
“Déjame hacerlo,
yo quiero complacerte. Déjalo en mis manos.”
En tus manos, en tu cuerpo, en tu ser, pensaba…
Dejé que llevase el ritmo, se adueñó de mí ser, recorrió mi cuerpo despacio. Conocía cada punto de quiebre, cada detalle, como si me conociera de antes, como si este no fuese nuestro primer encuentro.
Dejé que llevase el ritmo, se adueñó de mí ser, recorrió mi cuerpo despacio. Conocía cada punto de quiebre, cada detalle, como si me conociera de antes, como si este no fuese nuestro primer encuentro.
Tocó lo
inimaginable, y sin tocarme, también, me hizo el amor con su mirada. Me dejé
llevar, me entregué por completo. A media luz, podía vislumbrar su silueta.
Admiraba el compás, su ritmo, lo insensato, lo irreal. No estaba loco, solo era
él mismo. Nuestros cuerpos se entendían a la perfección. Dos almas que se
hacían una en un ritual interminable.
(…)
Pasaron
segundos, minutos, horas, no sé cuantas, ni interesaba. Me había perdido en el
infinito.
Prendió
un pucho, se recostó en la cama. Sutilmente me recosté en él, abrió sus brazos
y se me escapó una estupidez:
Quisiera quedarme
contigo, así, para siempre.
Él solo
sonrió, y siguió fumando…
(…)
Las memorias de un suspiro, los recuerdos de infinitos gemidos plasmados en mi mente, en mi ser, en mi alma, en mi corazón, en mi piel... Que desdicha la mía el poder recordar el sabor de su piel, su aroma, la forma en la que me hacía el amor. Su mirada, tan profunda, inevitable ausencia de su ser. Era mágico, aún lo es.
viernes, 17 de agosto de 2012
Catarsis.
Mis inseguridades me hicieron perder al amor de mi vida, aquel
amor imposible, a mi amor platónico. Al hombre de mis sueños, al humano que
hizo que volviera a creer en el amor de manera distinta: rencarnada en el
placer supremo de un orgasmo, al ser inmortal que alteró mis sentidos y
conquistó el sentimiento más puro que puede sentir un alma en pena. En las
caricias prohibidas, en el más sencillo detalle de jugar a ser extraños mientras
nuestras almas se conocían plenamente. A disfrutar de mi cuerpo, de mi ser, de
mi gracia y mi desdicha. De sus ojos, su mirada profunda, su magia, sus labios,
sus besos, sus manos, sus dedos, su espalda, sus piernas, sus ganas, sus
ansias, su forma infinita de hacer el amor.
Había caído en el juego de la seducción y una vez más cometo el error de dudar de mi misma, de sentir que no sirvo, de volver a perderme y no reconocerme como quien verdaderamente soy.
Él estaba dispuesto a jugar, a pasarla bien, seguro de sí
mismo, sin ataduras ni prejuicios, sin límites. Me había elegido a mí como
presa, como delicia previa a un disfrute eterno. Afortunada yo que estaba a
punto de conseguir lo que más ansiaba en esta vida, su corazón. Dueña de su
cuerpo, de su ser, entregándose completamente hacia mi para que lo lleve al
infinito. Brindándome el privilegio de poseer, en bandeja de plata, el tan
ansiado paquete B que cualquier ninfa estuviera dispuesta a aceptar por simple
costumbre, por simple capricho de goce, de satisfacción… pero conmigo era
distinto, iba más allá de sensaciones, de placeres y mis demonios me ganaron. Esta
vez me manipularon para perder el camino y dudar de mi misma, una vez más.
Aún no aprendo a diferenciar lo bueno y lo malo en la vida. Estoy
en eso y por mientras estoy viviendo sin sentido alguno, y aunque hace unos
días estaba convencida en un cambio, dispuesta a entregarme por completo al
juego ya planteado, lo abandoné. Cobarde, con miedos, sin la más sentida razón
de deslindarme por completo del peso que se me había puesto en las manos.
Decidí dejarlo, abandonarlo, rechazar el paquete B, haciendo que se confundiera
todo, contradiciendo mis principios, manipulando todo y quedándome sin nada.
Sin ti. Sin mí.
Se siente como si el mundo
se cayera encima y al mismo tiempo como si cayeses en un abismo interminable,
una sensación de vacío único. Un arranque de cólera, rabia, impotencia, en
donde no te encuentras, no te hallas. Soledad absoluta. Te niegas a descubrirte
a sentir, a disfrutar el momento,
dejando el pasado atrás, sin cogerlo, ni mirarlo. Sin pensarlo… Ni pensar en un
futuro, solo vivir el presente. Ese presente en donde encontraba por fin el
camino y quizás el fin de la búsqueda de mi felicidad. Total, la había
encontrado, pero basto un minuto para echarlo todo a perder. Basto un segundo de
inseguridad para que, en los minutos siguientes, se me resbalase todo de las
manos.
Hacía casi dos años que no
sabía nada de él. Se había perdido por completo.
Me enteré que se enamoró al igual que yo, y que se entregó por completo a alguien que no lo valoraba tanto como él a ella. Cuanto había ansiado estar en el lugar de aquella niña, reemplazarla por minutos y ser capaz de valorar al ser más estupendo del universo. A la persona que yo sentía (siento) correcta para mí. Estaba segura que en su lugar, hubiera aprendido a vivir con mis inseguridades, es más, trabajar en ellas para que se conviertan en mi fortaleza, nuestra fortaleza, nuestro motor para avanzar, uno al lado del otro.
Me enteré que se enamoró al igual que yo, y que se entregó por completo a alguien que no lo valoraba tanto como él a ella. Cuanto había ansiado estar en el lugar de aquella niña, reemplazarla por minutos y ser capaz de valorar al ser más estupendo del universo. A la persona que yo sentía (siento) correcta para mí. Estaba segura que en su lugar, hubiera aprendido a vivir con mis inseguridades, es más, trabajar en ellas para que se conviertan en mi fortaleza, nuestra fortaleza, nuestro motor para avanzar, uno al lado del otro.
Perder a la única persona
que haz amado en la vida, por el capricho de conocerte a ti primero, antes de
dejar que él te amara antes.
Estoy completamente segura que si hubiera arriesgado más allá de los límites, hoy estuviera agradecida conmigo misma y con él, por permitirme hacerlo feliz, por brindarme su alma y darme la seguridad que tanto necesitaba.
Dicen que no se debe vivir
del pasado, y en eso estoy. Lo hecho, hecho está.
Con él descubrí sensaciones que con ningún otro había hallado en mí y por miedo a arriesgar, perdí todo. Lo perdí a él, me perdía a mí.
Con él descubrí sensaciones que con ningún otro había hallado en mí y por miedo a arriesgar, perdí todo. Lo perdí a él, me perdía a mí.
De todo esto han pasado solo dos días. El tiempo no alcanza,
lo pasado ya no tiene arreglo, pero creo en segundas oportunidades.
Ya me encontré a mi misma, de nuevo. Y esta vez estoy segura
de lo que soy.
Soy una ninfa, me encanta experimentar con mi cuerpo. Pero
no existe química alguna que sea compatible con este sentimiento. Hice una
promesa antes que toda la mierda se me venga encima: “Tú o nadie. Mientras no
halla otro, no piense en otro, no hay ningún problema” Y así será hasta el
infinito. No pienso entregarme a nadie, porqué gracias a él empecé a creer en
promesas, promesas mías, que no involucran a nadie. A volver a creer en mí, en
lo que soy y hacerme respetar como mujer, entregando siempre mi alma al placer,
pero amando y amandome al mismo tiempo. Sin caprichos ni necedades. No me
aferro al “que pudo haber pasado si…” YA PASÓ, YA ESTÁ. Es imposible dar marcha
atrás y así como el destino lo puso en camino, quizás sea el mismo quien haga
que tome la decisión de volvernos a encontrar…
Corrección:
Ayer me sentí
insegura, hoy he dejado de serlo.
Estoy convencida y ya sé lo que quiero.
Y aunque te parezca loca, tengo la sensación de que debería arriesgar.
Solo si tú estas dispuesto, pregunto si existe algo para volver a lo que teníamos, si es que teníamos algo, pues creí en eso.
Descubrí que contigo siento cosas que con nadie más, no tengo nada que perder. No hay sentimientos de por medio, contigo soy quien verdaderamente soy. Y así como tú me elegiste para empezar esto, me gustaría continuarlo, solo si estás dispuesto, sin presiones ni nada…
Solo quiero hacer a alguien feliz.
¿Te gustaría ser ese alguien?
Estoy convencida y ya sé lo que quiero.
Y aunque te parezca loca, tengo la sensación de que debería arriesgar.
Solo si tú estas dispuesto, pregunto si existe algo para volver a lo que teníamos, si es que teníamos algo, pues creí en eso.
Descubrí que contigo siento cosas que con nadie más, no tengo nada que perder. No hay sentimientos de por medio, contigo soy quien verdaderamente soy. Y así como tú me elegiste para empezar esto, me gustaría continuarlo, solo si estás dispuesto, sin presiones ni nada…
Solo quiero hacer a alguien feliz.
¿Te gustaría ser ese alguien?
DESTINO.
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