domingo, 17 de mayo de 2015

De todas mis libertades, tú eres mi límite.


Te tuve en mis manos, sentí erizar tu piel. Hacía mucho que no vibrabas con aquella intensidad, logré que te retuerzas de placer.
No te besé, sólo te acaricié. Y en el momento en el que conseguí te rindieras ante mi ser, te dejé ir, pues solté la cuerda para dejarte caer. Supiste sostenerte, te aferraste a mi, sentiste el peligro, y aún así te dejé caer. Te dejé caer, pues estaba seguro que mi regazo te iba a sostener. Te atrapé en el aire, perdiste el miedo, cuidé que tu cuerpo no sintiera la frialdad del suelo.

Te mantuve conmigo y seguí el juego, continué acariciando tu espalda, marcándola con sutil detalle, delineando tu musculatura, cada curva, cada hendidura. Te tuve y te mantuve, jadeando de placer. Recuerdo como te retorcías y sonreías, como te derretías, como deleitabas a este masoquista envenenado, sé te gusta jugar a que soy tu esclavo. Obediente a tu alma, no me detuve al bordear tu cintura, perdido entre los pliegues de tu piel, en tus lunares interminables que me derivan cerca al nacer de tu miel. Es tu belleza absoluta que en la oscuridad hace palpitar a este vagabundo, eterno esclavo de tu piel. Esa suavidad infinita, aquella sensación de refregar mis manos sobre tu cuerpo, danza mortal para mis dedos. Me contuve, te contuve, nos perdimos en el camino y nuestra conciencia se perdió en el olvido.

Me tienes para cuando quieras, para abrazarte y soltarte las veces que quieras.
Me tienes para hacerte volar en el viento, acariciarte y mecerte, dueña del tiempo.
Me tienes para llorarte, para mojarte y embadurnarte.
Me tienes cuando quieras, porque contigo perdí mi libertad, tú pusiste el límite, y el limite en la oscuridad no existe. Existes tú, existo yo. Que se joda el mundo, somos reyes del universo absoluto.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Y es que jamás encontrarás a alguien como ella.

No soy santa de tu devoción, sé que es a ella a quién le rezas antes de dormir. No niegues que no piensas en ella, que la buscas en mi, pero claro, no la encuentras, porque no soy ella, ella no está en mi.

Deja de buscarla en mi, te aviso que aquí no la vas a encontrar.
Ella se fue y si ha de regresar te avisará, pero deja de buscarla dónde no está.
Déjame mejor, date cuenta que no soy para ti, y huye lejos, apártate de mi, ya mi tema lo solucionaré con el viento. Deja de buscarla en mi ojos, en mis labios, en mis manos y en mi cuerpo, déjame a mi y ve por ella. Anda, ve y búscala, encuéntrala y abrázala, bésala y hazla tuya, total, en mi ya no encuentras nada.

He intentado ser lo que has querido, me he convertido en lo que me has pedido, y ni así. No funciona, ya me di cuenta que no eres para mi, que no soy para ti y qué, ¡vamos! terminemos con esta farsa de una vez.

Lo que alguna vez nos pareció amor, hoy es distancia. Distancia que nos separa, distancia que nos aleja. Anda, vuela, siempre has sido libre, tienes la reja abierta.

viernes, 8 de mayo de 2015

Carta #22

A veces tengo miedo de contarte que me siento débil de vez en cuando, porque mereces a una mujer fuerte que te acompañe, que no se rinda ante nada, ni nadie.

Debo confesarte que lloro por las noches, que me siento vacía a menudo y que pierdo el control sin razón aparente. Constantemente me siento insegura ante el mundo y, si por mi fuese, me quedaría días en la cama, sin moverme, sin sentirme, sin mirarme en aquel espejo que destruye mi mente.

A veces, casi siempre, me ahogo en mis problemas y siento el mundo acabar,mas cuando eso sucede huyo de mi y me escondo detrás de mis miedos, miedos que no me dejan disfrutar del tiempo, que me agobian y me llenan de inseguridades, las cuales detesto.

Lamento encontrarme tan triste el día de hoy.
Lamento no ser la mujer que esperabas.

lunes, 27 de abril de 2015

Cuenta Regresiva.


No puedes de dejar de ser quién eres por miedo, no puedes dejar de bailar mientras tengas alas para volar, Palomita.



No creo estar lista,
pero el tiempo apura.

No creo que esto que siento sea miedo,
es curiosidad y ansiedad por saber qué es lo que vendrá. 

No hay mucho por hacer, 
solo continuar.
Si algo se puede remendar es un alma descosida, 
llena de vacíos y soledad.

No hay que dejar pasar oportunidades, 
hay que moverse y hacer,
hacer más por nosotros y por aquellos que se lo merecen.
Si algo te preocupa, asegúrate de no haber entregado tu alma,
pues es lo único que te pertenece y es aquella fuerza que te mantiene vivo.
Si crees haberla entregado no te sientas perdido:
toca tu rostro, siente tus manos, abraza tus brazos, tu cintura;
intenta tocar tu espalda y busca en tu cuerpo tu ombligo.
Acaricia tus piernas, y date cuenta que te tienes, no te has perdido.
quererse levantar por las mañanas y encontrar un motivo para sonreír.
Siéntate para bailar tondero e inclínate para el coqueteo, deja que tu pareja te acompañe y te coloque el sombrero.
Ponte los tacos y lánzate a bailar, morena.
Coquetéale al zambo caporal y has que esa falda se mantenga en el aire.
Siéntete volar.
Siéntete amar.
toma un vaso de agua y ve, corre sin parar: ni te detengas para respirar.
Ahógate con tu propio aire y redescúbrete, siéntete, ámate.
que la gente disfrute de tu felicidad y quiera ser tú en ese momento.

Hacer más no significa entregar más,
hacer más significa ser y estar.

Si en algún momento entregaste de más, no te aflijas,
se entiende que la locura del amor se apodera de la situación. 
Somos humanos, seres inteligentes que perdemos la razón con la cabeza caliente.


Si te equivocaste, reconoce y mantente fuerte,
que nadie más que tú sea el motivo. 

Quizás es bueno darse un respiro y volver.
Volver a nacer cada cierto tiempo,
re-descubrirse y amarse como la primer vez que te viste al espejo,
cuando de niño no existían los complejos.

Amar es la cosa más hermosa del mundo.
Amar sana, amar cura, amar adormece.

Hay que volver a quererse,
No hablo de andar como payasos todo el día, aparentando ser quienes no somos.
Moléstate contigo cuantas veces sea necesario, pero no te lastimes.
Vuelve pronto, Palomita.
Vuelve a bailar marinera, a mover las caderas al ritmo de una cumbia sanjuanera.

Llega a casa y ponte zapatillas,
Sonríe, y qué importa si la gente piensa que estás loca,
no hay mejor placer que gozar de uno mismo.

Sonríe que eres hermosa,
Siéntete libre,
que nadie se atreva a arrebatarte eso que te hace única. 
Que nadie te diga que no puedes, (a menos que sea tu papá quién te diga que debes guardar reposo por un desgarro en el bicep femoral.)

Volvamos a empezar,
pero no demores. 
Apúrate, 
que el tiempo no espera.

Quiero volver.
Hoy y mañana me verán volver. 

sábado, 25 de abril de 2015

Reflejo de mi amor.


"Anoche sentía como si muchas alas me acariciaran toda, como si en la yema de tus dedos hubiera bocas que me besaran la piel.
Los átomos de mi cuerpo son los tuyos y vibran juntos para querernos.
Quiero vivir y ser fuerte para amarte con toda la ternura que tú mereces, para entregarte todo lo bueno que haya en mi, y que sientas que no estás solo.
Cerca o lejos, quiero que te sientas acompañado de mi, que vivas intensamente conmigo, pero sin que mi amor te estorbe para nada en tu trabajo ni en tus planes, que forme yo parte tan íntima de tu vida, que yo sea tú mismo, que si te cuido nunca será exigiéndote nada, sino dejándote vivir libre... 
Te quiero como eres, me enamora tu voz, todo lo que dices, lo que haces, lo que proyectas. Siento que te quise siempre, desde que naciste, y antes, cuando te concibieron. Y a veces siento que me naciste a mi.
Quisiera que todas las cosas y las gentes te cuidaran y te amaran y estuvieran orgullosas, como yo, de tenerte. Eres tan fino y tan bueno que no mereces que te hiera la vida."


- Carta a José Bartolí, Frida Kahlo,
29 de agosto de 1946.












sábado, 18 de abril de 2015

Diario amar.


No debo buscar; no quiero encontrar, pero cada cierto tiempo es inevitable volver a pensar en lo que fui y lo que soy, porque me extraño a ratos, sobretodo en mi soledad.


Placer inconsciente, aquel que aparece cuando pinto en el viento susurros de amor.
El palpitar de un corazón que al ritmo del amor baila de puntillas, sigiloso corazón que se entrega a la hora de amar.

No he dejado de luchar contra mis demonios, esos que me amarran y me prohíben quererme como jamás me he querido, como jamás me he conquistado, cosa fácil para muchos otros, quienes, sin mucho esfuerzo, lograron apoderarse de mi alma, probando de mi infierno y disfrutando un poco de mi haber y existencia. Gozo pleno de aquellos a quienes les abrí las puertas del paraíso, lugar que ni yo misma me atrevo a aventurar pues me perdería en su inmensidad y, que en verdad, muy pocos han sabido recorrer. Dichoso aquel hombre que logre tocar mi corazón sin usar las manos, bendito aquel que intente enamorarme y huir en el intento.

Mi libertad de amar se ha visto limitada con el paso del tiempo, tiempo que perdí por mal pensar y divagar. Son 21 años que han pasado corriendo, y el vacío existencial es cada vez más difícil de explicar. Puede que haya tenido suerte últimamente, pues me volví a enamorar pero no sé como andar. Por ratos no me siento yo misma y es porque no creo encajar. Será porque soy un mar de emociones incontrolables, marea alta todo el tiempo y constantemente loca por entregar, sentir, palpar, besar, amar... Es notable, vamos a ritmos distintos.

Me encuentro con los ojos cerrados y las manos amarradas hacia atrás, mis labios no se cansan de agradecer su existencia, y esperan a diario una respuesta, respuesta que no llega y yo terca, terca sin cansarme de intentar. Algo debo hacer para hacer sentir mi ausencia, quizás así me demuestre que me quiere como quisiera que me quiera. Porque me quiere, me quiere por ratos, rara vez en mi ausencia. Y me hace falta su calor, será porque algunos nacen para ser amados y otros, simplemente, no nos cansamos de amar, porque somos insaciables, somos inmortales y ahí viene el problema sin solución: el amor correspondido a medias y esa angustia de no saber, la soledad.

Ahora, como siempre y, aunque no la quiera, me acompaña constantemente. La soledad ha sido siempre mi fiel compañera. Y no, no estoy sola, tampoco triste, menos feliz, es un estado difícil de describir ya que por momentos me siento a morir, como en otros respirar no me alcanza para existir.

Necesitamos un respiro hasta de nosotros mismos, dejar de vernos por un tiempo y desaparecer. Volver a lo básico y a lo que nos hiere, hacer daño para volver a sentirnos humanos. Necesitamos volver a bailar desnudos, sobarnos con lo que tengamos enfrente o detrás, cortarnos apropósito para recordar qué placer había en jugar a no quererse; a dejar de comer por puro capricho, a masturbarse sin pensar en nada, a llorar sin control hasta quedarnos dormidos. Amanecer con el alma partida y extrañar. Palpar, sentir ese hueco en el pecho, ese miedo a vivir. Despertar sin respirar, vivir sin sentir y volver a empezar. Ducha fría, mucha ropa y salir a caminar. Neblina, malecón, piedras, mar. Teatro, cine, café y un minuto para amar. Encontrarme en ti mientras besas mi lunar, encontrarte en mi cuando te miro descansar. Dormir en tu pecho y despertar junto a ti, amarte el resto de mi vida, porque eres mis días y mi razón para sonreír. No quiero volver a ser el desastre que algún día fui y muero por pasar horas contigo así sea en silencio escuchando los grillos. Quiero pasar contigo lo que me resta de vida, vida que cambie gracias a ti.

Quiero compartir contigo mi neblina, mis paseos por la ciudad. Ir al teatro, visitar una galería de arte, sentarnos en un parque a respirar. Invitarte a cenar, llevarte a bailar. Quiero dormir a tu lado y entre tus brazos, respirar tu aire y que me quieras así, así como jamás me has querido, así como siempre yo te he amado.

Quiero compartirme contigo, quiero que me ames como soy, con mi locura y eterna adicción.
Espero no sea mucho pedir, llevo esperándote mucho tiempo.




sábado, 11 de abril de 2015

Mi semana.

- Si lo sé. Dependo de su voluntad, de su tiempo y su sueño.Él manda aquí, yo obedezco. Todo mal. Todo de cabeza.
Estoy enamorada de su ausencia. 
- En cierto modo, eres la novia perfecta, soñada por todo hombre. Quién no quiere una flaca que este así de enamorada, que diga esas cosas y que las haga, es un sueño.


Me encuentro releyendo el texto y no me encuentro. En realidad no creo ser tan buena como dice el resto. Me gusta querer y que me quieran en exceso. Pero jamás es reciproco.
Siento un poder absoluto, dudo que alguien pueda llegar a amar con tanta intensidad, tal como lo hago yo, y sí, debería aprender a dejar de esperar. 

Entrego mucho desde el primer momento y debería aceptar que es un error. Creemos merecer más de lo que tenemos pero si no entregamos qué, da igual.
El amor es complejo, y no pretendo definirlo sin antes averiguar que es lo que me lleva a sentirlo. Es profundo si se le quiere dar forma, es agridulce si se le da sabor, es invisible cuando uno es ciego y ciegos somos todos, ya no hay que pedir perdón.

Los domingos son tristes, quieras o no. Estés o no estés el vacío no se llena con migajas de amor.
Lamento decirte que no soy de las que amarran, soy de las vuelan y dejan volar y no importa si no regresan, soy yo la que vuelve siempre, pidiendo perdón. No hay valor a reclamos, mas si, con justa razón, espero tu regazo, pues todo te lo he dado y no sé si lo habrás notado...

Y bueno, que importa si no, el resto lo ve y lo valora. Me vale nada estar contigo sin ti, pues vivo extrañándote desde aquí. Que ya me acostumbre a tu ausencia los sábados por la tarde y los domingos antes de dormir. Que a partir del lunes los días son rutina y verte un día así es coincidencia para los dos. Que los martes se hicieron para dormir lejos de ti y sin ti; que los miércoles te escribo esperando que llegue el jueves, para poder saber de ti un viernes y si tengo suerte, un sábado te abrazo, te beso y te entrego todo de mi, para que me abandones por tus responsabilidades, mientras yo huya siempre de las mías, esperando siempre lo mejor de ti. De mi qué, si contigo corte mis alas para regalártelas a ti. Que te las pegué sin costura, para que no se te haga tan difícil el próximo vuelo a partir.

Que mis días son los mejores y peores desde siempre y, en realidad no sé si estás aquí. Que no me conoces lo suficiente ni yo a ti pero sé que los amantes se entienden así: sin muchos gestos, ni palabreo. Que lo nuestro no sé si será eterno, pero mientras tanto bailemos, bailemos descalzos, y si es posible, sin los pies; quitémonos la ropa y disfrutemos, disfrutemos de cada momento que no pasamos juntos, o que nos acompañamos a la distancia con el pensamiento.



martes, 3 de diciembre de 2013

Nota: para olvidar.


Son varias las noches que no puedo dormir.
Se anuncia tu recuerdo en cada lágrima que desliza mi rostro y pienso, pienso y me pregunto qué hubiera sido de nosotros si no hubiésemos intentado jugar a ser amantes eternos.

¿Cuál es el precio que tengo que pagar por enamorarme de ti? 

La soledad.
La soledad es el precio.
La soledad eterna que siempre hubo y estuvo entre los dos. 

Pasa el tiempo y suspiro.
Sábanas blancas, paredes verdes y tu recuerdo.
Tus dedos, tus manos, tus brazos, tu espalda, tu pecho, tu cuerpo. 
Tus besos...

Me besas despacio, y sonríes luego, delatando tu nerviosismo. 
Acaríciame y viajemos.
Disfruta de mi silueta en el espejo y ámame, 
ámame como la primera vez. 
Destrózame el alma, fóllame como solo tú sabes. 
Hazme gemir, jálame y penétrame, 
penétrame y miénteme, 
dime que soy hermosa, que no existe nadie en el mundo como yo.
Disfruta de mi y dime que me quieres, 
aprovéchate que soy tuya, tuya y de nadie más.

Te amé, te amé.
Te amé y me enamoré.
Me enamoré y fracasé. 

Fracasé y perdí.
Perdí. Me perdí.

Hay amores imposibles, amores pasajeros que necesito olvidar.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Libertad.

Tú y tu doble moral se pueden ir a la mierda.

Critican sin saber, sin conocer; inventan cosas y hablan por hablar. Hipócritas todos porque no somos lo suficientemente pendejos para decirnos las cosas en la cara, pero sí para hablar de espaldas. Digo somos porque me incluyo, porque a mi también me ha dado lástima alguna persona o situación y he hablado lo que he querido, pero siempre frente a un espejo, y sí, he sido lo suficientemente pendeja para decir lo que pienso, pero sin indirectas, sin habladurías o chismes inventados. Como si el mundo fuera pequeño y nadie fuese a darse cuenta de lo que pasa.

Llevo años una guerra conmigo, intentando descubrir quién soy, tratando de ser yo misma sin encajar o ser alguien que no soy para complacer al resto y, cuando siento que lo estoy logrado, o que por lo menos estoy descubriendo mi verdadero yo, empiezan las habladurías.

Uno puede estar loco, uno puede estar enfermo y si es así, es el problema de uno, no del resto. Soy consciente y responsable de lo que pueda hacer con mi persona: soy mayor de edad y decido hacer lo que me venga en gana siempre y cuando no haga daño al resto. El problema viene cuando uno está cómodo consigo mismo, y en la búsqueda de la satisfacción personal involucra indirectamente a las personas que te quieren haciendo más daño que aquel ya se hizo uno mismo.
En esta sociedad, está claro que el término libertad es malinterpretado, o quizás mal entendido y hasta juzgado por quienes viven del qué dirán. No somos lo suficientemente capaces de aceptarnos como somos y dejar de juzgar al resto sin antes haber solucionado nuestros propios problemas o revertir nuestros complejos.

Amo mi libertad, mi forma de expresarme, aunque muchos no la entiendan y la malinterpreten como puterío. Soy como soy, y no pienso cambiar: le joda a quién le joda, le duela a quién le duela, pero no voy a permitir que se siga creando una idea errónea sobre mi persona.
Es fácil juzgar, criticar, señalar e inventar cosas para tapar nuestros propios defectos, es fácil hablar de libertad cuando vives amarrado a los prejuicios de una sociedad de mierda, donde un desnudo es regalarse a sí mismo, cuando creen que toda persona que se "sobreexpone" tiene problemas, y sí, puede que los tenga, pero eso no da motivo a que la gente sea tan cara de palo y hable huevadas sin saber, sin conocer a la persona que practica este arte. Sí, ARTE.
¿Cuál es la diferencia de que una persona pose en bikini o ropa interior, si piel igual se va a ver? Obviamente es la intención con la que esta imagen se muestra y con los ojos del observador que da crítica "libre" y suelta a lo que pueda o crea ver."Como te ven, te tratan" y sí, "cada quién ve lo que quiere ver". Ojos malintencionados, ojos cucufatos, ojos hipócritas que se pasan más de la mitad del día viendo pornografía, la cual también es considerada arte, pero en un sentido maquiavélico.

Nacimos despojados de prendas, nacimos libres, desnudos, llenos de vida, no entiendo porqué juzgar lo que los ojos puedan apreciar.
No es justificación, pero es mi opinión, lo que siento, lo que creo, lo que soy.

Hay belleza en todo lo que observamos, en todo lo que sentimos, en lo que probamos, palpamos y degustamos. Hay belleza en el alma, alma que no ven aquellos ciegos de corazón, que están aferrados a una idea retrógada, que piensan que porque una mujer u hombre decide mostrar su alma al mundo es fácil. La gente se equivoca, algunas personas somos más libres que otras, sólo déjennos volar. No nos amarren, no nos corten la alas, aquí estamos solo de paso, para disfrutarnos, para admirar la belleza, para darle sentido a la piel, a lo superficial, para dejar ver nuestras almas.
Somos los más sinceros, los que no tememos volar y caer, porque de alguna manera hemos sufrido tanto que hemos decidido ser nosotros mismos, sin tabúes ni ataduras, sin pieles que nos hagan sentir prisioneros.

Júzguennos cuanto quieran, pero déjennos volar.


martes, 10 de septiembre de 2013

Dos más uno son tres, siete más tres son diez.

Semáforo en rojo, 10 segundos. 
Infinitos 10 segundos.

Nos miramos, sonreímos, nos saludamos a lo lejos, avanzamos e inconscientemente - creo yo-  sin darnos cuenta, nos seguíamos mirando al mismo tiempo que mirábamos de frente para no chocarnos con el resto de gente. Nos encontramos y, antes de cruzarnos, nuestras miradas se perdieron, fue ahí donde ambos titubeamos. No nos acercamos, la pensamos mucho quizás, o tal vez nos bloqueamos y, por el contrario, no pensamos en nada y seguimos, seguimos sin mirar a atrás. Seguimos, seguimos y no sé tú, pero yo no miré atrás.
Seguí adelante, como si nada hubiera pasado.
Seguí adelante sin voltear, sin mirar atrás...
Si hubiera volteado, ¿me hubiera cruzado con tu mirada, quizás?
Si hubiera volteado, dos años no hubieran regresado ni un instante, jamás.

Caminé hasta la puerta, ingresé sin mirar atrás, mi cuerpo no respondía en lo absoluto, no tenía ni la más mínima idea de a dónde me dirigía, solo caminaba, con la mirada perdida, no sabía lo que hacía...
Caminé, subí escaleras y entré al baño. Me miré al espejo y mi cuerpo seguía sin responder, fue entonces donde comprendí que el amor no se había olvidado, que seguía pensándote en mi subconciente. Por más que te negara mil veces, estabas ahí, siempre estuviste ahí. 


Dos y siete, mi himno por algunos largos meses.




Hoy todo se resume en volver a verte, amor.
¿Amor? 
¿Qué amor?
Se supone que ya te había olvidado, que sin ti todo había "cambiado", "mejorado" y es que me mentí. Me mentí o me hice la idea para seguir viviendo, o algo así.
Cambiar o mejorar, ¿qué cosa? Nada, si desde antes que aparecieras en mi camino todo ha sido igual.
Creí en olvidarte y me la creí bien por dos años.
Dos años y algo más.

Coincidentemente, señales de la vida que no entiendo aún, antes del encuentro, me encontraba en el salón de clases y dibujé una "R" inmensa en mi cuaderno mientras, según yo, prestaba atención a lo que se exponía en la pizarra. Sí, dibujé una letra, no la escribí, la dibujé. La dibujé porque no fue una "R" común, era una "R" dibujada con líneas, trazos, garabateada de alguna manera, como dándole intensidad.
Sin pensarte un segundo aún, te encontré.
No te busqué pero te encontré.

Te llevaba pensado días, meses exactamente, pues dos años así no más no se olvidan y porque es imposible olvidar un siete, más aún si es mi número favorito desde siempre. 
Siete desde siempre, que por suma coincidencia de esta pendeja vida, también es la fecha de cumpleaños de dos grandes amigos que fueron, en su momento, parte de nuestra vida, más tuya que mía, pero nuestra, al fin y al cabo, por algunos meses. Algunos meses, solo tres, casi cuatro, en los que fui la chibola con 18 años más feliz del universo: mi universo. Después de un siete en aquella parrillada casi improvisada en donde, por segundos, me rendí y dejé de creer en el amor, pero fuiste tú, quién sin promesa alguna, me dijo que iba a ser feliz, antes de darme un beso en la frente para largarse al baño y salir luego de largos minutos con los huevos bien puestos, decidido a comenzar algo que, de todas maneras, sabíamos que iba a tener fin, sin pensarlo, ni predecirlo, mucho menos pronunciarlo para no cagar el feeling del momento.
Y fui feliz, sin promesa alguna, fui feliz.

Alguien me dijo que a veces las cosas pasan porque sí, porque tienen que pasar y no se sabe cuál es la razón, el motivo y/o la circunstancia, peor es que no existe explicación (lógica), y, si es que la hubiese, de nada sirve desear que no hubiera pasado o que sea diferente porque ya pasó, porque de alguna u otra manera tenía que pasar y no se puede hacer nada por evitarlo. O quizás sí, si no hubiera decidido salir de la universidad para comprarme un maldito chupetín.

Quería desaparecer, aunque invisible me siento casi siempre, pero no hoy. Hoy me sentí expuesta a más no poder porque se me ocurrió llorar en lugar de tragarme el sentimiento que tenía atracado en la boca del estómago, pues corazón no tengo. 
Lloré lo que tuve que llorar dentro del baño, me sequé las lágrimas y me hice la fuerte pero al salir, al salir se me vino el mundo encima y había perdido mis poderes de invisibilidad. Intenté perderme pero era demasiado tarde. 
Me acerqué al salón, tuve la suerte de encontrarme con el profesor en la puerta y le pedí el favor de poder retirarme de su clase. Creo que en ese momento mi dignidad se fue en el par de lágrimas que solté al mirarlo a los ojos y me dejó ir. Me dejó ir sin preguntar qué pasaba.
Bajé las escaleras, mis ojos no dejaban de llover, sí, LLOVER. 
Qué exagerada, carajo. Pero es que ya no tenía control sobre mi cuerpo y fue entonces donde me desplomé. Me desplomé en el primer espacio de cemento que encontré. Lloré lo que tuve que llorar, me importó un bledo la gente de mi alrededor, total, a ese punto ya ellos eran invisibles para mi.
¿Que por qué lloraba? Ni puta idea. 
Ni puta idea de porqué chucha estaba tan alterada.
Qué mierda.
Ya ni sabía si era por ti o por mi, o por el imbécil que te acompañaba, o el maldito semáforo, o la gente que se cruzó mientras caminábamos... 

Pasaron minutos, no sé cuantos, pero pasaron. Las lágrimas cesaron y me fui tranquilizando. Todo lo que sube baja, y así fue, bajó cuando menos lo pensaba.
Repuesta, ya dentro de mis cabales y un poco consciente después de tanto llanto, ya hasta me daba pena saber qué podría pensar la gente sobre mi. Tranquila estaba y alguien completamente desconocido para mi, alguien que jamás había visto en mi vida, se me acercó y me preguntó si estaba llorando. Le respondí con una sonrisa, mirándolo fugazmente a los ojos "SÍ, ESTABA." y bajé inmediatamente la mirada. Se sentó a mi costado y me dijo "No me conoces, ni yo a ti. Pasé por aquí y te vi llorando... Tuve el atrevimiento de comprarte esto, no sé, lo siento..." y fue en ese momento en el que levanto la mirada y tenía un paquete de galletas bañadas en chocolate en las manos y me lo dio esperando alguna reacción... No supe que hacer, no debió hacer eso, no me conocía, pero fue un lindo detalle. Estaba en shock, no esperaba algo así, menos de un extraño. Acepté su presente y se despidió "Bueno, no sé qué te esté pasando, pero todo va a mejorar. Vas a ver, todo va a estar bien." Se inclinó hacia mi, me dio un beso en la mejilla y se fue.
Todo va a estar bien, dijo y si pues, todo va a estar bien, ¿no?
Al recibir la galleta no me dio tiempo a preguntarle cómo se llamaba, solo le agradecí mientras tartamudeaba al intentar hablar. Y, al irse, lo que bajó, volvió a subir y estaba yo sintiéndome increíblemente estúpida, con lágrimas de nuevo en los ojos, pero feliz, dentro de todo feliz. 
Feliz, con lo increíble que es la vida. 
Feliz, con lo cojuda que puedo llegar a ser. 
Feliz, porque soy libre, porque gozo de buena salud (quizás no mental, pero sí física a medias).
Feliz, porque descubrí que tengo sentimientos y no soy de piedra como me había creído, y que aún existe gente de buen corazón en el mundo dispuesta a regalarnos chocolate cuando estamos en la mismísima mierda. 
Feliz, porque me crucé contigo, porque hay cosas que no entiendo y jamás entenderé. 
Feliz, porque lloré después de mucho tiempo, lloré con ganas, lo disfruté, fue un placer. Un placer haberte conocido, un placer quererte, un placer extrañarte, un placer permitirme llorar nuestros recuerdos, un placer haberte olvidado por algún tiempo, un placer el hecho de que vuelvas a cruzarte en mi camino, un placer después de dos años, de sentirme viva aunque quiera morir desde mucho antes de existir. Un placer estar aquí, escribiendo para nadie, para alguien, para ti, para mi, para nosotros, para el recuerdo de lo que pasó y de el qué hubiera pasado si hubiésemos volteado, si al cruzarnos en aquella pista nos hubiéramos detenido unos segundos, quizás para definir el saludo. Fue y es un placer.

Qué hubiera pasado si no nos hubiésemos encontrado, posiblemente hace más de dos años. 
Qué hubiera pasado, no lo sé y a estas alturas ya ni me interesa saber, no me corresponde saber.
Todo va a estar bien, lo dijo aquel chico con guitarra, lo dice todo el mundo.
Todo va a estar bien, todo estuvo bien sin ti, sin mi, sin nosotros.
Todo va a estar bien, todo pasa.

Todo va a estar bien.